Crónicas desde un cuarto cualquiera de un hospital cualquiera

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Bien podría haber especificado de que hospital se trata, o haber precisado que, por cuestiones del azar, mi habitación no es precisamente un cuarto cualquiera, sino que se trata de una mini suite, la habitación más amplia del hospital según me han informado hoy, abierta y luminosa, con su salita-recibidor, baño privado, vistas directas a casa de mi familia política (que por otra parte es como mi familia-familia, al encontrarse la mía del otro lado del océano, y tratarme éstos como uno más), lo que me proporciona inmensas ventajas, entre las que destaco la sensación de cercanía a casa, las visitas cotidianas, el acceso gratuito a internet a través de la red wifi de mi suegra (gracias Alita!), y lo más importante, la imagen de mi chiquitín saludándome cada mediodía desde el balcón del edificio de enfrente, lanzando besos voladores, y riendo y riendo al verme en mi batín azul.

 

Pero no, estas crónicas no pretenden realzar el aspecto más íntimo de mi estancia, sino todo lo contrario, plasmar de la manera más impersonal posible la generalidad de un ingreso hospitalario.

 

DIA 1:                     

Son las 11:00h, hace aproximadamente 90 minutos que entre por la puerta de Urgencias (es mi cuarta visita a urgencias en las últimas 48 horas, por lo que no sé bien si empiezan a considerar mi causa como meritoria de cuidados, o víctima probable de la demencia gestacional), y llevo casi 20 enchufada a un suero y con un termómetro bajo el brazo, a nadie parece importarle realmente lo que marque, simplemente que esté ahí.

12:30h. Ya estoy en mi habitación cualquiera, me indican que me ponga el batín azul, que pronto vendrá a verme un médico.

13:10h. Entra una señorita con una bandeja, es mi comida!! Caldo de pollo sin sal y una botellita de agua.

15:40h. Por fin entra un señor, que por su apariencia y semblante, bien podría ser mi médico…. “Hola doctor”, me aventuro a saludar. Me  mira con cierta sorna, se trata del celador. Me sienta en una silla de ruedas y me conduce a una salita de espera, repleta de otra gente, bien vestida (o sea, no en batín!!), que espera pacientemente su turno en la consulta del especialista. Todos me miran sin mirar.

17:00h. Mi merienda, una manzanilla. La enfermera me anuncia que pasaré aquí la noche, y que la internista me ha asignado dieta líquida. Me resigno.

20:00h. Es la misma enfermera, trae la cena. De nuevo caldo de pollo, esta vez con sal, pero aun sin fideos. Casi agradezco el manjar, y procedo a engullirlo. Al rato, caigo rendida…

La noche avanza lenta, las visitas de las enfermeras a cambiarme el suero y limpiar la vía son continuas… “Al menos me tienen controlada”, pienso, y vuelvo a sumergirme en un tedioso sueño.

 

DÍA 2, DIA 3… DIA X:

7:00h. Los ruidos de la calle me despiertan. Es curioso, en casa nunca los escucho, pero hoy, precisamente ahora que no tengo nada que hacer, mi cuerpo se niega a alargar el sueño.

8:00h. El desayuno, manzanilla.

El resto del día transcurre de forma muy similar al anterior, y al siguiente, y al de más arriba… sólo que ya voy conociendo las caras, distingo al celador de mi médico, reconozco a varias de las enfermeras y ayudantes, y hasta recuerdo con cuál tuve ayer aquella conversación sobre el partido del Atleti (por lo general no veo el futbol, pero… lo que hace el aburrimiento! Y oye, Aupa Atleti, que se lo tenía merecido!!).

 

Nada cambia, todo permanece, las sábanas blancas, los batines azules, las manzanillas y caldos que se intercalan en el tiempo, los sueros, las vías… todo es lo mismo. Sólo una cosa me saca de la monotonía… desde el otro lado de la calle, un niño se asoma a la ventana, sonríe, me señala con el dedo, y puedo escuchar su vocecita que dice “Mamá, ponte buena y vuelve a casa pronto”.

 

Ya voy, Huevito, ya  voy.

 

 

Vero

Corazón Contento

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Habéis oído alguna vez aquello de: “barriga llena, corazón contento”??

 

Pues el corazón, no sé, pero mis riñones, hígado y estómago seguro tienen algo que objetar.

 

Y es que… si además de estar repleta la barriga, resulta encima que el contenido es peleón (y no me refiero al vino), pues malo malo para los que en ella cohabitan con tan movido inquilino.

 

Claro está, que en mi caso no se trata de una panzada de comida basura ni de un atracón de golosinas y helados (Helado!! Qué antojo de choc-choc-chip de Häagen-Dazs!!), sino de una criaturita de 32 semanas de gestación (para los que no estéis familiarizados con el calendario semanal gestacional -jamás entenderé porqué los ginecólogos se empeñan en hacer durar un embarazo 40 semanas y no los 9 meses de toda la vida!- eso son unos 7 meses y medio…), que si algo parece haber heredado de su madre, sin haber siquiera abandonado el útero, es el culo inquieto y el constante meneíto, que me tiene los órganos y las costillas machacados con tanta bendita patadita!!

 

El mayor, en cambio, es una calcomanía de su padre… de mi sólo sacó la lengua, que con sólo 3 años, se le está quedando chica… yo creo que lo que le pasa es que la tiene desgastada de tanto uso!!

 

 

Y lo que es ser madre y querer sin condición… porque lo cierto es que cada palabra de su alegre boquita, me da la vida, provocando otro latido de mi corazón. O, serán las patadas de la niña??!!

 

 

 

 

 

 

A mis “Huevitos” que tanto quiero.

 

 

Vero

Electra

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Siempre quise tener hijos. Y cuando digo hijos, me refiero a chicos, niños, con rabito entre las piernas, vamos, lo que viene siendo varones.

 

Ya sé que suena un tanto sexista, y no sabría siquiera explicar de dónde procede esta inclinación… Quizás sea por que, al haber crecido entre mujeres, siempre he echado en falta un poco de testosterona en el ambiente… O quizás porque cuando recuerdo las diferentes etapas de mi infancia y juventud, no puedo evitar sentir lástima por mi madre, y los mil y un disgustos que mi indomable insolencia le ha hecho pasar.

 

Cierto que lo anterior no se debe necesariamente a mi sexo, sino a mi consabido mal carácter, pero me pregunto si lo uno no viene un poco enaltecido por lo otro. Es decir, de haber sido yo un chico, cuántas de esas peleas de gatas nos habríamos evitado? Quizás ninguna, no lo sé. O quizás en lugar de peleas de gatas, habrían sido peleas de perros, o simplemente peleas… Pero lo cierto es que siempre he creído que los chicos quieren a sus madres de una manera especial, como con una especie de respeto admirativo que casi roza la veneración. O al menos yo no he tenido un novio que no atesorase a su madre en honorable pedestal y bajo vitrina protectora. Y, podéis creerme, no todas mis suegras lo habrían merecido!! No me quejo, nunca he tenido una mala suegra de verdad, la típica suegra bruja que todos tememos encontrarnos un buen día instalada en casa, y para la que nunca ninguna mujer será digna merecedora del amor de su perfecto hijito (me pregunto si algún día me convertiré en una de ellas!!). Todo lo contrario, mis ex -suegras han sido todas más que aceptables, y hasta me considero afortunada en cuanto a lo que a mi actual suegra se refiere. De hecho, hasta la palabra “suegra” le queda grande por defecto. Pero… de ahí a la veneración… va un trecho de objetividad! Ojo, no es que yo a mi madre no la respete y admire, que quede claro! Mi madre es, sin duda, de las personas más cándidas que he conocido, y no hay ser humano en la tierra que no caiga rendido ante su perenne sonrisa; es valiente, enérgica, entregada, y una de las mejores amigas que tengo en este mundo; pero, lo cierto es que, ni es virgen, ni es santa, ni es perfecta, ni así lo he creído nunca.

 

Todo esto para decir que, por un motivo que debe tener su origen en una especie de Complejo de Edipo inherente al sexo masculino, aunque en versión light, parecería que el amor de los chicos para con sus madres es algo que cualquier madre de fémina debería tener que envidiar. De igual manera que las niñas ocuparán siempre un lugar especial en el corazón de sus orgullosos padres.

 

Y yo me pregunto… qué nos queda a nosotras, sus mujeres, compañeras de vida, consejeras, e incondicionales amantes (pese a los kilos que los años añaden a su cinturón!). A dónde nos vemos relegadas en esa eterna batalla, en la que madre e hijitas juegan con ventaja, gozando de un lugar privilegiado en su corazón??

 

 

Pues chicas, cómo será la vida, que cuando en la eco del otro día, el ginecólogo nos anunció que se trataba de una niña, mayor que mi alegría sólo fue la de mi suegra! Y es que… todo en esta vida encuentra su equilibrio… y si bien es cierto que la hijita que llevo dentro viene a robarme mi puesto de princesa, bien me vale convertirme en Reina! Y si algún día me falta cariño, yo también tengo a mi propio Edipo que me lo conceda…

 

 

 

Bienvenida al Mundo, chiquitina!! Jamás cedí mi corona con tanta ilusión.

 

 

 

 

Mamá (Vero)

Haïti Kembé!

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Como sabeis, y ya muchos me habeis estado preguntando, la catástrofe ocurrida en Haití la semana pasada me toca muy de cerca esta vez.

 

Aunque la suerte ha querido que ninguno de mis familiares haya resultado herido con el terremoto, y tanto mi madre, como mis abuelos, tíos y primos están TODOS (parece increíble!) en perfecto estado de salud, y en unas condiciones privilegiadas en comparación con el resto de la población; lo cierto es que es difícil alegrarse de nada frente a tanto sufrimiento y desesperación.

 

La situación del país es alarmante, y pese a la incuestionable ayuda que ha brindado la comunidad internacional, la organización de los recursos brilla por su ausencia. Hay pueblos a los que aun no ha llegado la ayuda, infinidad de vidas que siguen atrapadas bajo los escombros, y el riesgo de epidemias crece al ritmo que se acumulan los cadáveres en las aceras.

 

Cierto es que el Mundo está lleno de miseria, y que no podemos pretender ayudar a todos, pero la magnitud de la tragedia que está viviendo el pueblo haitiano ahora mismo no puede dejarnos indiferentes, y quizás por la cercanía que siento hacia esa tierra, no puedo dejar de involucrarme, y pediros a todos, desde el fondo de mi corazón, que os solidariceis con ese pueblo, que si ya estaba terriblemente necesitado de por si, ahora se ahoga en el más desgarrador de los llantos.

 

 

 

 

Vero

De tres a cuatro

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12 de enero de 2.010, 10:40am.

 

Llego a la oficina, y, por cuarto día consecutivo, me espera un paquete en recepción. El remitente, aparentemente Amazone France, aunque adivino que detrás se esconde un cuarto Rey Mago, que a falta de poder presenciarse en el salón de casa, nos hacen llegar todo su cariño vía Correos e Internet. El destinatario, aunque es mi nombre el que aparece en el paquete, en la mayoría de los casos es mi hijo Matteo, en otros, no sabría decir.

 

Primero fue un libro chino, YI KING (Le Livre des Transformations), una especie de Biblia de la sabiduría oriental, que aun no he tenido tiempo de ojear con calma, pero que para mi alivio ha sido traducido al francés, según he podido observar en un primer hojeo. Aparentemente a los Reyes no les basta con el yoga…

 

Luego llegaron un globo-cóptero (sí, sí, globo-cóptero = un globo + una hélice, y alehop, vuela!!!), para disfrute de mi hijo, y más aun, de mi marido; una cámara holográfica que ahora decora mi mesa de oficina, haciendo detenerse a más de un curioso; un xilófono de madera, tamaño piano de adulto, con el que Matteo nos deleita en unos conciertos infinitos, pero tengo que reconocer que con algo de talento… (dios mío, que no sea músico!!! –Esta observación merece mención a parte, pero si entro en las profundidades de mis temores ante la posibilidad de que mi hijo, que tiene de dónde heredarlo, se dedique al mundo artístico, en cualquiera de sus facetas, este post podría no terminar nunca, así que lo resumiré en una frase: “Hola, soy Vero, y mi madre es escultora”-).

 

Lo cierto es que no es la primera vez, en mi oficina ya han sido testigos de cómo mi padre, a través de una simple caja de cartón acortando distancias, nos obsequia con todo tipo de inimaginables (y mucho menos transportables!!) presentes, tales como una escoba de bruja, cajas musicales, un juego entero de marionetas, bolas de cristal con motivos variados dependiendo de la festividad que se aproxime, libros en todos los idiomas, caramelos y chocolates…

 

   

Finalmente hoy, se trataba de unos simpáticos muñequitos de madera, representando a una familia de CUATRO miembros: Papá, Mamá, Matteo, y… la niña??!!

  

… Habrá que esperar al viernes para saberlo!!

 

 

 

Vero

 

 

A ese cuarto Rey Mago, por que no pierda nunca su magia.