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Animalitos
Posted in Lo que hay que ver!, Lo que mató al gato, Lo que me revienta los cojines | 1 Comment »Siempre he tenido complejo de mala gente.
Y es que… todo el mundo sabe que las malas personas son las únicas a las que no les gustan los perros!!
Los perros son serviciales, íntegros, y leales… Su amor es incondicional, son obedientes, y nada les hace más felices que el sonido de las llaves de sus dueños al llegar a casa. Son, sin duda, el prototipo de “bondad”.
El caso es que a mí, no me gustan nada.
Los encuentro peludos, sucios y babosos. Dormir con un perro es como traerse un zapato a la cama, después de haber recorrido el barrio entero, haciendo especial hinca-pié (y nunca mejor dicho) en los rincones que, por su fuerte olor, más llamaron la atención de tus zapatos, o de tu perro en este caso.
Incluso los más limpios, los más acicaladitos, siempre están soltando pelo y baba por todas partes, y se empeñan en chupetearte para demostrarte su afecto. Y es que, para eso de las costumbres sociales, los perros se llevan la palma! Entre ellos, en lugar de la mano, o dos besos (o tres o cuatro, me da igual), se dan una buena olida de culos, así, de primeras, cortando el hielo desde el principio!!
Los gatos son más dignos, más señoriales. Jamás verás a un gato olisqueando el culo de sus rivales, ni rabajándose a la humillación de orinarse de emoción ante la llegada de su dueño a casa, ni trayéndole las zapatillas en la boca. No, un gato no hace eso. Un gato, no suplica; si quiere ser acariciado, ronronea y punto.
A pesar de eso, tampoco me gustan los gatos…
En realidad, creo que el problema soy yo.
No me gustan los animales, al menos no los “tradicionales”, no lo suficiente como para albergarlos en mi hogar… ya no.
Odio a los hamsters desde que, a la edad de 9 años, encontré al mío, Caramelo, petrificado en su jaula y con espasmos post-mortem; murió defecando, el pobre no pudo salvar su dignidad.
También tuvimos un gato, dos conejos, y varios pollitos de feria.
El gato escapó, parece ser que espantado por los cubos de agua helada que le arrojábamos mi hermana Thali y yo, mientras le encerrábamos en una jaulita, a modo de baño.
Los conejos duraron poco, una infección en los ojos acabó con la vida de uno de ellos, mientras que el otro lo regalamos a una granja… (chitón!)).
De los pollitos, mejor ni hablar… los infelices venían con tara de fábrica, una media de vida aproximada de unos diez días; y si alguno se libraba, ya se encargaba Thali de ponerle fin a tan desgraciada existencia decapitando al polluelo con la puerta de la jaula, que antes había sido del hámster, de varios pollitos antecesores, y hasta del gato a la hora de los baños. De todos los pollos, sólo uno nos llegó a gallo: Piculín, “el gallo del 7ºB”. Eventualmente también tuvimos que cederle a una granja… quizás se hizo amigo del conejo!!
Los peces se me asemejan más a un colorido cuadro digital, a una especie de holograma, un charco de vida artificial; La idea de tener un pájaro enjaulado me resulta asfixiante; Y en lo que a reptiles se refiere, la experiencia me ha enseñado que un terrario en el salón de mi casa no es precisamente lo que se dice su “habitat natural”.
-Ka, la que fue mi compañera de piso durante más de tres años, me demostró que una alimentación basada en 2 ratones blancos de laboratorio cada 10 días, no es la dieta ideal para una Pitón Regius adulta. Fue fiel compañera, fácil mascota, y discreta compañía, puesto que aunque una pitón de metro y medio no pasa desapercibida, nunca se dejó ver ante los ojos de los menos curiosos.
No murió, jamás hizo nada que me obligara a apartarla de mi vida… la que cambié fui yo. La inesperada llegada de un nuevo miembro a la familia, y la peligrosidad de un contagio de salmonelosis durante el embarazo, me empujaron a desprenderme de mi curiosa amiga… fue mi última mascota-
Hoy, con un marido, un niño de 19 meses y otro pendiente de encargo próximo, me doy por satisfecha. No necesito más animales en casa.
Y hasta tengo pensado, en caso de ser necesario, la mascota ideal para ellos el día de mañana: come poco, es limpia, no suelta pelos, ni babas, ni hace ruidos, no sale de paseo, ni araña los sofás, no necesita un acuario, ni un terrario que mantener limpio… es, en definitiva, una especie de tamagotchi… sólo que respira, come, y, por supuesto, muere.
PD: Este ‘animalito’ no es un juguete. Los Genpets son mascotas modificadas genéticamente para que sean de fácil mantenimiento, hipoalergénicas y seguras para los niños. Vienen en un estado de hibernación, y se alimentan con nutrientes que provee la empresa (BioGenica), a través de unos tubos conectados a su cuerpo. Sus diferentes personalidades se controlan a base de fármacos.
Vero

