Querido Sr. Whirlpool

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Hablando de cosas que me revientan los cojines, tengo la anécdota del día!!

 

Hace unos días me animé por fin a llamar al servicio técnico de Whirlpool, pues ocurre que en casa, como dice mi electricista, no para de “saltar el automático” (vamos, lo que viene siendo caerse los plomos, de toda la vida), y como además coincide con que cada vez que toco el maldito lavavajillas con una mano, mientras con la otra me apoyo en la pila (debe ser la postura más cómoda, porque no hay manera, no aprendo, me pasa cada noche!!), me da un calambrazo de esos que te quedas 10 segundos ‘pegao’, como medio gilipollas, hasta que finalmente sueltas la mano, sacudes la cabeza, y piensas “tengo que llamar al técnico”. Pues eso… que finalmente me decidí a llamar.

Pese a estar el electrodoméstico aun en garantía, se me indicó por teléfono que la visita del profesional tenía un coste de 19,90€ por el desplazamiento. Que yo me pregunto… qué clase de garantía es esa??!! O sea, me arreglan el lavavajillas gratis, eso sí, siempre y cuando lo lleve a lomos hasta casa del técnico de turno, o qué?? No se presupone de un lavavajillas que la reparación implica un desplazamiento por parte del técnico?? En fin, que como siempre pasa con estas cosas, al final es lo que hay, lo tomas o lo dejas, y como a lo de los calambrazos, por mucho que se haya vuelto rutinario, no acabo de acostumbrarme… pues asumí.
Y así, muy sumisa, preparé los 20€ de rigor, los coloqué junto a la garantía y el recibo de compra del aparatejo en la mesita de la entrada, y dejé recado a la chica para que recibiera al técnico y le abonara la cantidad impuesta.

 

Esta mañana pasó el técnico, yo estaba en la oficina. Le recibieron mi chica, el niño, y mis 20€. Tras 10 minutos de “ardua labor” (puso el ciclo corto y se limitó a comprobar que funcionaba), me llamó a la oficina para informarme de que no había encontrado avería alguna en el electrodoméstico, que probablemente se trataba de un problema de toma de tierra del enchufe, o algo así, por lo que me recomendaba que me pusiera en contacto con un electricista. “Son 49,90€ en total -añadió- 19,90€ del desplazamiento, y 30€ por la mano de obra”. ¿¿Mano de qué?? ¿¿Qué mano de obra, ni qué leches, si mi enchufe sigue sin su toma de tierra y la máquina del infierno sigue siendo soltando tantas chispas que parece la silla eléctrica?? No si, estoy pensando que hasta a lo mejor me viene bien y todo, como tortura china o algo así… no veas lo bien educadito me iba a salir el niño. No te joroba! Haciendo un gran esfuerzo por disimular mi asombro, le repiqué que no era eso lo que me habían indicado por teléfono, y que además no tenía más dinero en casa, por lo que se cobrara los 20€ del desplazamiento, y ya hablaría yo con la compañía para resolver el tema de la supuesta “mano de obra”. Ni corto ni perezoso, y como quien escupe cuando habla, me respondió que vale, que se llevaba los 20€ (al bolsillo, entiendo yo), pero que no pensaba dejarme recibo alguno, que me las arreglara con Whirlpool por el importe total. O sea, pago doble, por idiota!! No, si es que, en esta vida todo cabe… y cuando le dije que o me cobraba los 19,90€ (que no 20€!!), y me dejaba recibo por ellos, o no me cobraba un duro y ya resolvería yo con Whirlpool, se enfadó tanto que me gritó en un tono un tanto amenazador que “me iba a enterar, que me pensaba dejar sin la garantía del aparato!”, y me colgó el teléfono sin más miramientos. Acto seguido se dirigió a la puerta, sin darle explicación alguna a mi chica, que, asustada, salió corriendo detrás de él. En esta confusión, el susodicho culminó su patética actuación con un portazo, que dejó a mi chica fuera de casa, con mi hijo de 20 meses encerrado dentro.

 

Y seguro que esta noche, después del calambrazo, me volveré a acordar de llamar al técnico… Sí, de llamarle desgraciado, mala gente, y tremendísimo descendiente de prostituta.

Vero

Mahoma no va a los Alpes

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Sabéis aquello que dicen de que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña…?? Pues no es así.
Yo diría más bien que el razonamiento es el contrario: cuando la montaña va a Mahoma, éste ya no va a la montaña.

Y si ahora sustituimos “Mahoma” por “Vero”, y montaña por “Alpes”, tenéis la ecuación de lo que he vivido esta última semana.

 

Casi 20 años llevo viviendo en Madrid, y jamás vi nevar como aquel día.

Ese viernes 9 de enero no fui a la oficina, me quedé en casa preparando las maletas. Eran tantas las ganas de irme de vacaciones que la nieve a través del ventanal del salón me pareció un guiño de la vida, un presagio, un pequeño y milagroso avance de la blanca semana que nos esperaba en las montañas suizas… Ni siquiera la voz del meteorólogo del telediario supo romper esa ilusión.
Y es que, sí, no cabe duda, la esperanza es lo último que se pierde.

Tuve que personarme en el aeropuerto, en Metro claro está, la A2 estaba colapsada por el “temporal” (dicho sea de paso, aquello de “Metro de Madrid, Vuela”, todo faso!!). Como decía, tuve que arrastrar mis maletas, al niño, y los mil bártulos de “equipaje de mano” (nunca he sido buena sintetizando), por los subterráneos de Madrid durante más de 40 minutos, para llegar a una T1 abarrotada de gente gritando y haciendo cola en los mostradores de reclamaciones, para por fin darme cuenta de lo que estaba aconteciendo: mi vuelo de las 16h no saldría hacia Ginebra esa tarde.

Pero, como os decía, la esperanza es lo último que perdemos en esta vida, y muy probablemente ahí radique el patetismo de toda esta historia.

Dos horas más tarde yo seguía de pie en el mismo exacto punto de la fila de EasyJet, y otras dos más pasaron hasta que finalmente alcancé el mostrador de reclamaciones, donde en seguida me indicaron, eso sí con una enorme sonrisa que no pude más que interpretar como sarcástica, que los vuelos estaban completos para los tres próximos días: “si desea les reservo plaza para el martes”, me dijo la muy … atrevida. “o si lo prefiere, puede entrar en la página web y reclamar la devolución del billete de ida. El de vuelta, no habiendo sido cancelado, no se lo podemos devolver”. Un descarado “ahhhh, te jodes!”, dicho en palabras más finas y puesto en boca de una monísima señorita vestida de naranja.

Pero con el come-come de “mal de muchos, consuelo de idiotas”, me empeciné en lo imposible.

Otro par de horas después nos encontrábamos, mis amigos, mi chiquitín sin siesta ni bibi ni leches, y yo, de camino a la T4 (por supuesto, en Metro), colgados del teléfono de ServIberia, un 902 que te cobra la friolera de “97 céntimos el minuto desde la red móvil”, como os decía, aun con la famosa esperanza, comprando nuevos billetes Madrid-Ginebra para esa misma noche…

Por supuesto, el vuelo de Iberia no salió esa noche, ni el día siguiente, ni el de más arriba. Tampoco lo hizo el de EasyJet, cuya mejor opción pasó de ser el martes 13 al miércoles 14, y eso con algo de suerte.

 

Finalmente salimos el domingo, con un vuelo de Swiss Internacional Air Lines, destino Zurich.

El que la sigue la consigue…Eso sí, después de tres billetes de avión, dos alquileres de coche, y una semana de gastos en la pequeña y muy afortunada Suiza… que la próxima vez me arrebaten la esperanza desde el principio que, en los tiempos que corren, hasta esa sale cara!

 

Vero