Bonus Bona Bonum

Posted in El monóculo, El pan nuestro de cada día, Las Reflexibles | 2 Comments »

Hoy, es el “Día del Bonus”.

Bueno, a decir verdad, hace ya tres viernes que es el día del Bonus, pero al final se pasa la mañana,  y ni reunión con el jefe, ni Bonus, ni ná de ná. Con todo, yo no pierdo la esperanza: tiene que ser hoy!

Pero… Y si no hay Bonus este año?? Y si todo esto es una estrategia del jefe, una manera de colárnosla suavecito, una muerte dulce, como le llaman… a ver si así van pasando las semanas, los meses, los años…  y el anhelado Bonus, si lo ví, no me acuerdo.

 

Mi amiga Nieves, o Bebes, como la llama mi nene, estaría encantada con todo esto! Y no porque desee mi mal, claro está, es mi “supuesta” mejor amiga (no malinterprete el lector el adjetivo encomillado, se trata de un guiño a la interesada), lo es desde mis 10 años, y aunque somos jóvenes aún, ya llevamos casi 20 años de mejor-amistad. Ella nunca me desearía nada malo. Ni a mí, ni a mi marido, al que como ella dice, “quiere mucho como colega, pero no soporta como profesional”. Y es que mi marido se dedica a la defensa de los derechos de autor… imagínate el pecado para una anti-sistema como es mi amiga! Andar por ahí defendiendo los derechos de los artistas, en lugar atarse a un árbol en una “mani” pro-top-manta!! Imperdonable!


No entro en el debate de quién lleva razón y quién no, aunque tiendo a pensar que para criticar algo con acierto hay que conocer bien sus entresijos, y que se resuelve más haciendo una buena labor desde dentro, desde las tripas del Sistema, que tirando piedras desde fuera… pero, es mi humilde opinión.

 

Para mi amiga Bebes, en cambio, una hecatombe sería la solución. Una caída total y absoluta del Sistema, sin reparos ni remordimientos: Que caigan todos, y desde más alto los que más arriba se encuentren. El problema está en que los que están muy arriba tienen un cojín sobre el que caer: los de más abajo. Y son éstos los que se llevan la peor parte.

 

Y en esto, me voy a aliar con mi amiga… Porqué vamos a pagar siempre los de más abajo?? Y esto lo extrapolo a todos los planos! No es que yo piense que la “Gran Crisis” sea algo que tengan que pagar unos pocos culpables. Ni siquiera creo que los culpables sean siempre los más ricos… también algunos “pobres”, como mi madre, colaboran en su propia ruina, con hipotecas impagables a 50 años, créditos incalculables a largo y corto plazo… claro, diría Bebes, que ahí estaba el desgraciado del banquero empujándola al hoyo a sabiendas de que era un suicidio! Y no le falta razón a mi amiga, personalmente, si me cruzo al banquero me lo como con patatas. Pero… yo digo: ni todos los ricos son banqueros,  ni todos los banqueros hijo-putas!! Es más, yo, sin ir más lejos, soy banquera, pero ni rica, ni hija-puta!!

 

Así que, porqué no me dan mi Bonus de una vez, y allá que se lo quiten a todos los desgraciados que andan sueltos, ricos o pobres, poco importa, pero que se lo han ganado a pulso?!!

 

Quiero mi Bonus…!

 

A mi amiga Bebes, porque mi cariño es mayúsculo, como el abismo que nos separa.

Vero

Las edades de Patou

Posted in Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual | 2 Comments »

Yo nunca he sido de esos que, año tras año, y desde los 15, van quejándose de lo viejos que se están haciendo, de que ahora los niños los llaman señora (a los chicos nada nos gustaría más que ser llamados señor, pero nunca nos sucede), y que recuerdan su infancia/adolescencia con nostalgia. Yo siempre he querido ser mayor, y sigo queriendo, la infancia la pasé angustiado por no haber hecho los deberes, y la adolescencia angustiado por que no me pillaran mis padres fumando un porro.

Ahora ya no tengo deberes, y me mareo sólo con ver a alguien fumar un porro, y sin embargo, cuando pensaba haber alcanzado cierta estabilidad emocional, ha venido Facebook y me ha dado en todas las narices.

En mi perfil de Facebook, tengo puesto mi nombre tal cual, con todas sus “haches” y sus “kas” y sus “enes”, y, cuando no está puesta una foto de mi hijo, suelo estar yo, sin gafas de sol (esto merece un post aparte, pero creo que soy la única persona en el mundo a la que no le quedan bien ningún tipo de gafas de sol), sin pelucas ni peinados extravagantes (lo de mi pelo también merece post aparte, pero siempre ha sido así), y sin disfraz que pueda despistar a la gente. Pone hasta a qué colegio fui de pequeño. Vamos, que aparezco TAL CUAL.

A pesar de toda esta información absolutamente clara, cuando agrego a un amigo o cuando alguien me agrega a mi, siente la obligación de recordarme lo mucho que he cambiado: “Pat!? no me lo puedo creer, de verdad eres tú??” o incluso “Estoy casi seguro que eres tú pero no acabo de estar convencido“. Todo ello, por supuesto, sin mencionar la razón que les hizo dudar.

Y yo pienso: -”no ha aparecido una tercera “n” al final de mi apellido, ni creo haber dejado claro nunca que me negaría a procrear, por lo que la aparición de mi retoño puede causar sorpresa, pero no duda.” Debe ser algo en mi aspecto físico…

Y va a ser que sí. Nunca fui el típico delgaducho. No soy guapo, aunque tampoco soy Reiziger (a continuación, la foto para ilustrar a los no-futboleros), puedo contar mis novias con los dedos de las manos, y mis experiencias sexuales con los de la mano, aunque (modestia aparte) hubiese tenido que usar también algún dedo de los pies si no hubiese sido tan condenadamente tímido.

Sin embargo, hoy me doy cuenta de que si empezase ahora mi vida mujeriega, seguramente me sobraría con el dedo gordito, como dice Matteo, para contar mis aventuras con chicas gorditas.

He perdido pelo, pero no lo suficiente como para compensar los kilos que he ganado, y doy gracias a dios de estar ya casado. Con todo, le debo a ella, y me debo a mi, tratar, no de volver a un peso pluma, pero sí de volver a un peso “aceptable” para mi edad. Si es que me estoy haciendo viejo, os lo digo. Brindo por ello, batido-proteínico-sabor-mierda-con-nata en mano.

Un interesante video que hace pensar en lo rápido que pasa el tiempo: Una foto todos los días durante 6 años…

 

Cual

De mayor quiero ser Dentista!!

Posted in El monóculo, Las Gafas, Lo que cuenta cada Cual, Lo que mató al gato, Lo que me revienta los cojines | 5 Comments »

Hay profesiones que no acabo de comprender… por qué decide un ser humano corriente hacerse dentista? Dinero? estatus?

 

Ser odiado y temido por tu propia especie… no hay remuneración económica que compense el hecho de ser despreciado por el 99% de la sociedad (estimo un 1% de raritos masoquistas que le encuentran su punto a ese taladro con su sutil sonidillo). Tiene que haber una patología oculta que exlique esta vocación por el maltrato de sus semejantes. 

 

Gracias al clielo no recuerdo mi primera visita al dentista… ocurrió tras un “incidente” casero. No voy a entrar en detalles, sería repetirme y sangrientamente innecesario… resumo: Dientes – Incidentes – No dientes.
Desde aquello, mi relación con los dentistas ha sido inevitablemente estrecha. Con sus visitas rutinarias… días malos, días peores… Calculo que mis padres han invertido en mi ortodoncia un total aproximado de 6.000 euros (1 millón de las entrañables pesetas).

 

Y es que hay un efecto mariposa-dominó que no podemos ignorar: el odontólogo recomienda, como profesional especializado, “la necesaria intervención para retirar el molar superior que no tiene espacio para nacer naturalmente empujando, como consecuencia, a los incisivos laterales, quedando estos superpuestos entre sí… derivando, todo esto, en un gravísimo problema bucal en un futuro próximo (e incierto)”

 

Claro, es la opinión de un profesional… ¿quién tiene el título necesario para refutar semejante diagnóstico? Así que caes como buen ignorante confiado, pides un crédito a 20 años, empeñas la bisutería de la abuela, te paseas un par de tardes por Montera… y pagas el primer plazo.

 

El sádico hace caja, y sacia su incotrolable sed de lastimar con sus desarrollados utensilios de “hacer dolor”. La anestesia es muy cara, y ellos no disfrutan lo mismo si los ojos de nosotros, pacientes resignados, no reflejan pánico, angustia y súplica de piedad.

 

Hace poco me arriesgué e interrogué a mi dentista, un argentino cabrón que se está haciendo un chalet en Palm Beach con la pensión millonaria que le proporciona el tratamiento de mis dientes (al igual que el asqueroso Roedor Pérez, quien vive a cuerpo de rey en mis muelas del juicio). Le dije:

-“¿Por qué no me pones anestesia?”

 

Me respondió sin intención alguna de disimular su hambre de flagelar:

 

-“Porque con anestesia no sentirías nada”

 

Fría me quedé… me recliné en esa camilla de tortura, que no engaña a nadie con su suave textura de cuero del bueno y su acolchada superficie… todos sabemos que aunque vayamos a una simple revisión rutinaria… vamos a llegar a casa con un trocito menos de muela (“Había un leve desnivel y era de vital urgencia igualarlo con el taladro de ‘hacer dolor’”)… y una cicatriz más en nuestro corazón.

 

Lo mejor es que un año más tarde, el mismo doctor que nos advirtió de la necesidad de retirar el molar superior… descarado y sin tapujos nos critica: “Claro, es que tienes aquí un espacio muy grande (el que dejó el molar superior embargado) y eso está provocando que los incisivos laterales se separen progresivamente generando mellas donde se acumula el sarro … derivando, todo esto, en un gravísimo problema bucal en un futuro próximo (e incierto)”

Y uno lo mira con desconfianza disimulada… al fin y al cabo, por mucho que uno quiera creer que puede resistirse… sabe en su fuero interno… que hoy regresará a casa dando un paseo por la Calle Montera.

Un afortunado… aún bajo los efectos de la anestesia.


Thali.

Gambas y Caviar

Posted in Las Reflexibles, Lo que mató al gato | 4 Comments »

Abro mi correo, me recibe el siguiente e-mail… no soy partidaria de los mensajes en cadena, pero éste me hizo sonreír, pasar de marrón casi negro a azul cielo, con un ligero toque violeta, así que he decidido compartirlo con vosotros, de una forma completamente altruista, sin obligaros a reenviarlo a cambio de felicidad eterna, ni siquiera a cambio de confirmación de cariño recíproco, tipo “cadena de la amistad” (cómo odio esas cadenas!!!). Nada. Un regalo, de mi (y del que me lo envió), para ti, que has decidido leerlo:

 

Érase una vez, y dos son dos, que no tres (no confundamos!), una mujer recién divorciada de un capullo infiel, que pasó el primer día de su nueva condición, sumida en una infinita tristeza, empacando sus cosas en baúles y maletas.
El segundo día lo dedicó a recorrer el que durante tantos años había sido su hogar, y que ahora, medio vacío, se le antojaba ajeno, desconocido.
El tercer día se sentó en el suelo del desnudo comedor, música suave,
velas, 10 kilos de gambas (una por cada año desperdiciado junto al inútil de su ex), 100 gramos de caviar (por cada vez que pensó en abandonarle y no lo hizo), y una botella de vino blanco, frío como su corazón.
Comió tranquila, feliz, satisfecha de si misma. Al terminar, de forma metódica y pausada desmontó las barras de las cortinas de todas y cada una de las estancias de la casa, quitó los tapones de los extremos y echó dentro las sobras de la suculenta mariscada, volviendo a colocarlas luego en su exacto lugar.

La mujer se marchó, el marido se quedó con la casa, muebles nuevos, nueva novia. Pero, como ocurre con todo lo que está podrido, la cosa, digo, la casa, empezó a oler.

Por mucho que limpiaban, aireaban, desinfectaban, el olor no desaparecía.
Los armarios fueron  revisados por si hubiera ratones muertos, cambiaron los ventiladores y las alfombras fueron lavadas. En cada esquina se colgaron ambientadores… nada funcionó.

Finalmente, decidieron poner la casa en venta.
Cuando, pasados unos meses, aun no habían encontrado comprador para la hedionda casa, la ex mujer, que había tenido noticia de las dificultades que estaban teniendo con la venta, llamó al hombre y le dijo que echaba de menos su antiguo hogar, por lo que estaba dispuesta a adquirir la propiedad por una décima parte de su precio real.
El hombre, desesperado, aceptó el trato, y el día siguiente se firmaron los papeles ante el notario.

Una semana más tarde, el hombre y su novia se abrazaban ante la puerta de la vieja casa, con una sonrisa en los labios, viendo como empacaban todos sus muebles y los metían en un camión con rumbo a su nueva casa… entre ellos, las barras de las cortinas.”

 

Germán Dehesa dijo una vez: “los hombres deberíamos entender que las mujeres son invencibles, imparables, e insuperables”.
Yo no me atrevería a generalizar tanto, pero… nunca infravaloréis el poder de una mujer despechada.

 

Vero

Tesis: Green Peace y los mensajes sublimi(ani)males

Posted in Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que hay que ver!, Lo que mató al gato, Lo que me revienta los cojines | 1 Comment »


Alguna relación oculta ha de haber entre los medios de transporte y el reino animal. Aún estoy analizando el tema para poder proporcionaros información más detallada y fiable, pero he aquí el comienzo de una ardua tarea de investigación de campo.

No sé si sois usuarios de los medios públicos de transporte; de no ser así,  poco os va a curiosear el tema que planteo, pues sólo un fiel cliente de la red de transporte sabrá identificar los misterios que planteo, y quizá aportar un rayito de luz sobre los enigmas que se esconden tras los sonidos incomprensiblemente animales que resultan de los movimientos de los autobuses y metros ligeros de esta, nuestra comunidad.

Me centraré hoy en un mamífero en particular, por ser este el depredador marino con mayor masa corporal en nuestro planeta. Me refiero, claro está, a la especie de las ballenas.

La ballena en el bus: Explíqueme usted, señor creador, inventor del autobús la evidente relación entre el ruido que desprenden las puertas traseras de los autobuses al abrirse y cerrarse, y el sonido natural de las ballenas al expulsar ese chorrote de agua por el orificio dorsal superior. Por muchas vuelas que le doy, no soy capaz de comprender ninguno de los secretos que oculta esta evidente relación entre los idénticos sonidos.

¿Era realmente necesario que las puertas traseras del bus provocaran ese estruendo en un insano elevado nivel de decibelios?  No hay que irse lejos para encontrar la respuesta. Basta con fijarse en la puerta delantera: se abre y… Fujitsu. Un silencio bibliotecario. No lo entiendo! Sí existe la tecnología que podría evitar la sordera consecuente de las 21 paradas que unen Moncloa con Majadahonda. No comprendo… es claramente por joder.

La ballena en el metro ligero: Por favor, los que no hayáis viajado en este medio… hacedlo mañana mismo. Hay un sonido que… se me pone la piel de pollo de sólo recordarlo. No podéis seguir adelante con vuestras vidas sin sentir en vuestras propias carnes la llamada de Willy… suplicándoos que le acompañéis en su viaje a la libertad, que os situéis en el centro de ese muro de rocas que separa la cautividad de un estanque de la infinita libertad del mar. Un grito intenso que os invita a levantar la mano enérgicamente y gritar: Salta, Willy… salta. Desearéis, con la intensidad de los sonidos de las puertas traseras del bus al abrirse, ayudarle a encontrarse con los suyos y verle alejarse mientras se estira su caída aleta dorsal al son de una balada de Michael Jackson.

Por favor, insisto… sé que el metro ligero sólo lleva a sitios donde nadie quiere ir a los que sólo llega el metro ligero; sé que el metro ligero es lento… tanto que el propio nombre parece un vacile intencionado; sé que el esfuerzo que os pido es doblemente eterno… ya que sólo el metro ligero llega a los destinos del metro ligero, así que no sólo hay que ir… hay que volver. Lo sé bien.

Pero entenderéis mi ímpetu cuando el metro ligero inicie su primera curva… la llamada de la naturaleza. Os juro por mi amistad con Willy… que cuando el artefacto toma una curva, emite exactamente el mismo sonido que una ballena en cautividad suplicando auxilio.

He compartido esta información con clientes habituales del metro ligero (conozco a muchos ya que mi lugar de trabajo es uno de esos puntos a los que nadie quiere ir y sólo llega el metro ligero) y he de deciros que cuando les he comentado mi percepción personal… primero me han mirado extrañados (sin poder disimular el asombro ante tan absurda comparación de sonidos) y seguidamente su mirada se ha perdido en el horizonte… han sentido la conexión… y lágrimas como puños mientras en su más pura imaginación vivían lo siguiente… (minuto 2:20)

Besos