Papi Papi… papi chulo!

Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual | 3 Comments »

Papi Papi… papi chulo!

Mi padre es de esa gente a la que confunden con empleados de los súper mercados… de esos que están tranquilamente haciendo la compra y se les acerca un extraño y les dice: “Perdona ¿me dices dónde está la sección de productos de limpieza?”

Recuerdo una vez que nos vino a visitar y el portero de nuestro edificio le confundió con el electricista que tenía que arreglar la caldera.

 

Es una persona brillante… malpensado como él sólo, siempre que le cuentas algo su enrevesada mente piensa que le ocultas algo y se imagina una turbia realidad alternativa… y así, se equivoca rotundamente  9 de cada 10 veces… pero 1 de cada 10 veces te pilla de pleno en una mentira que creías imposible descubrir.

Es el mejor padre del mundo… y no lo digo porque sea el mío. Si fuese el padre de mi vecino del 8ºG, sin duda subiría en ascensor a su casa, llamaría al timbre y le diría honestamente: “Tú padre es el mejor padre del mundo!!”

Pero no, la suerte me guiñó a mí en esta ocasión… a Veroro y a mí, mejor dicho. Siempre nos lo ha dado todo, sin perder el norte ni malcriarnos… pero todo nos lo ha dado esta persona sin pensarlo dos veces. Somos sus “chulitas”, como él nos llama.

 

Imagínate como son las cosas, que a día de hoy… con 28 y 25 años, Vero y yo nos vemos felizmente obligadas a ponerle a los camellos su hierba, su agüita fresca… y su tentempié a los Reyes Magos cuando celebramos con él la Navidad. Es un ritual eterno, en el que la madurez de la que nos hemos hecho dueñas con el paso de los años… ni pincha ni corta.

 

Recuerdo sus cartas cuando era más pequeña… me enviaba juegos que inventaba él… en plan crucigramas, dos columnas de palabras que había que asociar, laberintos que había que recorrer por el camino adecuado con un lápiz para hacer llegar al perrito hambriento al suculento hueso. Hasta me mandaba frases escritas discontinuamente (con puntitos) para que yo los uniese y mejorase mi caligrafía.

Yo los recibía con entusiasmo agudo… devoraba las cartas y hacía todos los juegos que me mandaba con mi lápiz bien afiladito (goma en mano porque siempre fui torpe). Inepta como era respondía  a las cartas acompañándolas de juegos para que los hiciera él. Con sus columnas a asociar de rigor, sus crucigramas… y su triste laberinto cuyo recorrido correcto se reconocía con un simple vistazo… intentaba esconderlo inventado mil caminos alternativos que
se cortaban sin sentido, que se superponían los unos a los otros… pero no había manera de ocultar mínimamente el trayecto del feo perrito hasta el insípido hueso.

Lo peor es que hasta le escribía frases discontinuas para que él, mi padre, mejorase su caligrafía… en qué estaría yo pensando!

 

Nos llevaba a todos sitios, lo pienso ahora y era un sinsentido… en más de una ocasión nos íbamos a pasar el fin de semana a hoteles de lujo que quedaban exactamente a 6 manzanas de nuestra casa… como si de un viaje a otro continente se tratase hacíamos nuestras maletas, empacábamos todo tipo de galletas, chocolates, patatas, refrescos… y nos subíamos en el coche rebosante de equipaje para bajarnos en el ballet parking del lobby del hotel 3 minutos y medio más tarde.

Invitaba a nuestros primos, amigas… de Vero, yo no tenía amigas por aquel entonces. Nos dedicábamos a derrochar… no exagero cuando digo que en los 2 meses de verano que pasábamos allí, comíamos y cenábamos fuera 6 días de los 7 de la semana. Eso sí… los desayunos caseros no nos los quitaba nadie.

Papi se despertaba como una vida antes que nosotras para amanecernos con un desayuno de campeones, rico de sabor y muy rico en colesterol. Huevos, salchichas, queso, sandwiches, bacon crujiente, leche con nesquik, zumo y galletas (Vero Oreo y yo Chips Ahoy). Venía  a nuestro cuarto guitarra en mano cantando: “estas son las mañanitas que cantaba el rey David, a  las muchachas bonitas te las cantamos a ti… despierta…” y por ahí seguía.

De repequeñas nos encantaba todo este tinglado… con el tiempo nuestros gustos culinarios fueron cambiando y nuestra tolerancia a la grasa también… pero la ilusión de mi padre por los desayunos abundantes se mantenía inmutable… así que hubieron muchos desayunos más y mi culo mutó a zancadas de gigante alcanzando dimensiones violentas.

 

Igual que despertar requería de mil actos grandiosos por parte de nuestro papi… irse a la cama no podía hacerse sin más. Nos compraba cuentos fantásticos y con ellos nos acurrucaba en la cama. Nos los contaba con voz en off de narrador de Disney todas las noches… y ahí se quedaba hasta que nos quedábamos dormidas… se oía un: “Que sueñen con los angelitos, chulitas”… y lo siguiente que recuerdo era el “estas son las mañanitas…” y ese olorcillo a
bacon recién hecho que bajaba desde el piso de arriba.

 

Cuando íbamos a los restaurantes jugábamos a praticar idiomas… un poquito de francés, un porquito de inglés… nos contaba chistes sin parar, y nos relataba con viveza los complicados casos, que él, como abogado del diablo que es, había ganado rotundamente. Era perfecto… en el coche jugábamos a la granja… lo llamo así por llamarlo algo. En verdad sólo recuerdo estar en el asiento trasero haciendo ruidos de animales que él tenía que identificar…una ardua tarea considerando que a la edad de 5 años sólo conocía unos 15 animales… de los cuales sólo 7 hacían ruidos imitables.

Veo veo…qué ves? Era un clásico… podíamos Vero y yo jugar a  describir los 800 elementos que formaban el escenario que nos rodeaba, que él… súper papi no se cansaba y disimulaba no saber exactamente cual era el objeto que veíamos veíamos.

 

Recuerdo que de pequeñaja me encantaba el rap…pero no el rap bueno… nooo… el rap barriobajero de las fulanas y los traficantes en cuyos videoclips había mucha cadena de oro… pero no es oro todo lo que reluce… y muchos culos que se contoneaban haciendo mover sus nalgas de celulitis al son de un: “mamita mamita rica y apretadita…”

Pues eso era lo que me gustaba a mí… y por qué no reconocerlo, a mis 25 años todavía se me mueven las nalgas cuando escucho los típicos cánticos de mi tierra natal. Me las aprendía todas… unas letras con unos mensajes muy educativos del tipo: “sacúdelo que tiene arena” “sé que tú tienes a otra y a mí me quieres para jmmm”… y a mis 5, 6, 7, 8… años me paseaba yo por la calle canturreando estas barbaries, carentes de significado para mí… y cargadas de
significado para los desafortunados oyentes que me miraban a mí con lástima y a mi pobre padre con ojos juzgadores de desprecio. A él le daba vergüenza… pero yo era tan feliz con mi perreo… que él no se quejaba demasiado.

Eso sí… encontró su venganza siendo yo ya más grandecita… cuando estaba yo haciendo fila en algún sitio, y había gente joven cerca… mi padre se me acercaba haciendo ruidos de rapero con la boca ayudándose de las manos… y contoneándose como en los videoclips de peor gusto. Qué bochorno!!

Hace un par de años fuimos a un concierto de raperos en Puerto Rico… mi papi, Vero y yo… en contra de la voluntad de Vero por supuesto… que no sabía dónde meterse entre tanta gentuza apelotonada por amor real al arte del PERREO. Era para escandalizarse, y más siendo el trío que éramos. Mientras Vero se abanicaba impetuosamente y hacía intentos desesperados por alejarse de la gentuza y encontrar su mínima República Independiente de su persona… papi y yo teníamos momentos de desinhibición… allí donde fueres haz lo que vieres… y retornos a la nuestra realidad en los que mirábamos a nuestro entorno pensando “qué carajo hacemos aquí?”

La gente bailaba, y se restregaba como sí no hubiese un Dios observándolo todo… en una de esas de me acercó un raperillo y me dijo: “quieres bailar?” Cómo si de un baile de alta sociedad se tratase… mi negativa no fue necesaria… creo que mi cara habló de más.

En ese momento me acerqué a mi padre y le dije: “Ahora tienes que estar contento de que nos fuéramos a vivir a España… porque si no nos hubiésemos ido, hoy mismo estaría yo en este mismo concierto “bailando” con ese mismo raperillo”

Sonrió aliviado mi padre… sabiendo que había dicho una verdad como un templo.

 

Así que desde España, donde se bailan sanas sevillanas y sardanas…papi papi… papi chulo… te mando un beso fuerte fuerte… con la cabeza llena de ti, de recuerdos que cuento y otros tantos que me guardo…

Y qué buenos son los recuerdos… os dejo con un chistecillo para algunos de mal gusto… para mí de lo más tierno.

Un beso,

Thali.

 

El chiste tierno:

Le dice una abuelita a su nietecito:

-“Manuelito, cómo se llamaba el alemán ese que me esconde las cosas?

El nietecito responde resignado y con ternura:

-“Alzhéimer, abuelita, alzhéimer!”

La asombrosa historia de Benjamin Cabaleiro

Posted in El monóculo, Lo que cuenta cada Cual, Lo que hay que ver! | No Comments »

O cómo sentirse aliviado ante esas situaciones que nos revientan los cojines, y para las que apelamos a la justicia universal, cuando basta coger un código y ser, eso sí, bastante tozudo y sumamente ágil a nivel cerebral.

Graciosa, brillante, amena e interesantísima historia contada por Ricardo Gómez Cabaleiro, que se ha convertido en todo un bombazo en la blogosfera.

Lectura muy recomendada, aquí

www.alderecho.com

Cual

No caer en la rutina…

Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual, Lo que me revienta los cojines | 2 Comments »

No caer en la rutina es una tarea difícil. Yo, desde hace un tiempo a esta parte, me dí cuenta de que estaba absorta en la más rutinaria de las rutinas. Cumplía con los horarios impuestos entre semana, y los findes acababa siempre en el mismo bar con las mismas caras y la misma copa en la mano.

Con el tiempo esto fue cambiando, sin esfuerzo por mi parte. Unos cambios en mi vida llevaron a otros, y poco a poco fui descubriendo nuevos rincones, nuevos personajes…

Desde que volví de Londres, hace cerca de un año… me he ido reacoplando en el hueco que dejé al irme… retomando posiciones. Había pasado un año desde que me había marchado… y por primera vez no sentí eso de: “Fue raro regresar, porque uno ha vivido muchas cosas nuevas, ha cambiado… y cuando regresa a su ciudad es como si el tiempo no hubiese transcurrido… todo está exactamente como lo dejaste”.

Pues mi historia no es así… ni me encontré mi habitación tal y como la dejé (típica imagen de peli con los peluches de cuando uno era más pequeño, posters de grupos desaparecidos ya, fotos de amigos a los que se les perdió el rastro, etc). Mis cosas habían sido embaladas en cajas, mi ropa apilada en armarios y mis recuerdos almacenados en los que ha pasado a ser “la caja de los recuerdos” típica que todos tenemos. Pero me alegro, eh?? Que mi mami empaquetó mi vida durante mi ausencia… sí… pero al regresar me cedió la buhardilla de la casa, un espacio para mí dónde crear cientos de nuevos recuerdos mejores.

La cosa es que el año mío en Londres pasó para todos… creo que un año decisivo en la vida de más de uno… mi hermana, mi cuñado y dos de mis más mejores amigas se hicieron mamis y papis ese año… la mayoría de mis amigos dejaron las aulas y las cafeterías para adentrarse en las oscuras aguas del mundo laboral… en fin… que no nos hicimos adultos, pero sí dejamos de ser niños.

Ahí estamos, entre dos etapas bien distintas… y bien, a gustito, la verdad. Desde que volví he tenido la sensación de que no tengo una rutina clara. Me doy cuenta cuando alguien me pregunta: “¿Y tú a a qué bares sueles ir los sábados?”. No sé qué decir… últimamente los planes me surgen distintos… y me gusta porque aunque las noches siguen siendo “las noches”… ahora también disfruto de los días, de planes al solete, de no despertarme a la hora de comer… que a veces sí. eh? Pero compagino más el día y la noche, y ya no me pasa eso de “no perdonar un sábado sin salir”.

Hace unos meses me apunté a un equipo de football femenino… no os lo he contado hasta ahora porque no habíamos ganado ni un maldito partido. Os preguntaréis qué lleva a una chica de 25 años que en su vida ha tocado una pelota con los piés a apuntarse a un equipo de football… lo diré sin más, malas influencias. Nooo… digamos que es una liga que organiza un bar de Chueca para aumentar la clientela y darse a conocer… una buena amiga de la uni se iba a apuntar con un grupo de amigas, les faltaba gente… y nos hizo el lío a todas las de clase… y como todas estamos medio fatal y nos apuntamos a cualquier plan sin pararnos a pensar… pues ahí estamos.

Nos llamamos las Hot Muffins… esto último no lo voy a explicar. Pero que sepaís que nuestro nombre es bastante light comparado con los de nuestras rivales. Somos las peores. Somos supuestamente un grupo de lesbianas… pero lo cierto es que más de la mitad somos heteros… o lo éramos antes de empezar la liga (es bromita). Nuestros novios son nuestros seguidores más fieles, vienen a los partidos y nos gritan desde el banquillo… “Pásala, arriba, hazle falta, bién defendido…” Es muy diverido. Somos las peores… quedamos para entrenar a  las 8:00… la primera llega a las 8:00 y le toca esperar 45 minutos hasta que llega la siguiente… así hasta las 10:00, cuando estamos todas y decidimos irnos de cañas mejor que entrenar.

Hemos llegado a perder 17-1… desde entonces hay quien duda si jugamos al baloncesto y no al football. Pero nos da igual, nos lo pasamos fenomenal… y nos hemos juntado un grupo de gente muy bien. Un poco alocada, pero sanamente… ayer ganamos… yo no jugué… estaba con caca (normalmente os diría un pretexto menos grosero, pero desde que escribí “La Caca” me siento libre de hablar sin tapujos). Así que yo desde el banquillo animaba a mis súper-nenas… y gooooooooooool! No sabéis que fiesta… hasta dos goles metimos… sí, las adversarias eran penosas, pero y qué?

Al acabar el partido nos fuimos a bañar a una fuente… los niños pijos que tomaban el sol nos miraban con los ojos desorbitados y gestos de menosprecio. Imaginaros una fuente decorativa en medio de jardines perfectamente recortados para recrear la vista de los transeuntes… y un grupo de 12 locas disfrazadas de Oliver y Bengi… descocadas tirándose, haciéndose ahogadillas en una fuente que cubría hasta las espinillas… fue emocionante.

Y así es todo últimamente, unos planes locos me llevan a otros… me siento que no paro de hacer planes, y que cuando no estoy haciendo planes estoy planeando planes que hacer. Y eso tampoco me gusta… he caído en una rutina, muy distinta de la anterior que era más plana… pero rutina al fin… mi rutina ahora consiste en hacer planes muy variados y pintorescos… y parece mentira, pero extraño un poco la tranquilidad… el estar sin hacer nada y no sentir que estás perdiendo un valioso tiempo… echo de menos un poquito de normalidad, un porquito de “Qué haces?” “Nada especial, tiradita en casa”.

Me siento como el prota del libro ese en el que un chaval se propone dicir a todo que sí durante 3 meses… es real. No importaba lo que le preguntasen tenía que decir que sí: “¿quiere usted que le ponga una mascarilla fortificadora del cabello por valor de 5 euros? SÍ.” “Te vienes a un concierto de lo último de Britney Spears? Sí” “Hola guapo, quieres que te haga… un favorcito? conozco un motel que está a sólo dos manzanas de aquí. SÍ”…

En fin, no me pasan cosas tan tan… y gracias a Dios sigo teniendo voluntad… pero sí es cierto que me siento que no paro… que ando como loca solapando planes como malamente puedo, que encadeno comidas de amigas con cenas familiares… que no acado de disfrutar el momento en sí, porque ando preocupada pensando en la actividad siguiente…. Y no puede ser.

Se me hace difícil encontrar el equilibio, enseguida me entusiasmo por cosas… y eso me crea ansiedad en lugar de disfrutarlo. Ahora quiero patinar los findes, sin dejar el football, ir a las clases de canto de vez en cuando, apuntarme a baile Bollywood,… me gustan demasiadas cosas y quiero hacerlas todas…

Os juro que ya no me compro la Guia del Ocio porque me crea estress… una vez la compre, señalé los espectáculos que quería ver, y los lugares a los que quería ir… que si monólogos, que si un bar donde sirven huevos de avestruz enormes, que si clases de claqué, que si una exposición viviente en la calle… los planes se superponían y no era capaz de decidirme… estaba en un sitio pensando en lo que me estaba perdiendo por no haber ido al otro… y ni chicha ni limoná… frustrada y nerviosa.

Decidí que la Guía del Ocio no es buena para los oció-patas… que una y no más, Santo Tomás.

Que la rutina es mala, pero la anti-rutina no es el remedio… así que relajo… despego los post-its de mi ordenador donde tengo apuntados planecillos pendientes, cierro la agenda… y me prometo no apuntarme “recordatorios” en la mano hoy… hoy descanso de mí misma y de los demás… así que me despido deseándoos un feliz lunes… pricipio de semana… que os pasen muchas cosas buenas y sorprendentes… pero que surjan… que si nos planeamos las cosas nosotros mismos, aunque sean cosas poco convencionales y originales, no dejamos que la vida nos sorprenda por si sola con sus peculiaridades que rompen con la rutina naturalmente… o no las percibimos porque andamos demasiado ocupados planeando planes que nos ayuden a romper la rutina premeditadamente… y así no se vale!

Thali

La Caca.

Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Lo que cuenta cada Cual | 1 Comment »

La Caca!

Voy a hablaros de la caca porque creo que es algo muy mío. No sé en qué momento de mi vida la caca pasó a asociarse a mi imagen personal, pero lo cierto es que todo el que me conoce sabe que a la caca y a mí nos une mucho más que una mera necesidad fisiológica.

Y es que no ha sido una decisión voluntaria, este vínculo que se ha creado entre la caca y yo… de hecho han sido comentarios de los demás los que me han hecho caer en la cuenta de que yo tengo un feeling con la caca.

Tengo problemas de estómago desde que yo recuerdo… alérgica a la leche desde que nací, y de ahí en adelante todo han sido problemas… nada serio, pero es una constante en mi vida. Que si diarrea, que si estreñimiento, que si gastrointeritis, retortijones, gases, etc. Era algo tan presente en mi vida que se vé que sin darme cuenta fui perdiendo el pudor en este sentido… obvié las normas de educación referentes al tema de los quehaceres del “baño”. Todo aquel vocabulario que me enseñaron para insinuar más que decir cayó en el olvido… ni “tengo que hacer popo”, ni “tengo que ir al baño”, ni “hacer nº2”, ni “usar el servicio” . Yo cuando me cago “me cago”.

La pobre de mi madre me ha llevado a médicos para aburrir… me han diagnosticado colon irritable, posibles alergias, falta de absorción intestinal, gastointeritis crónica…. Lo último fue una bacteria que mi madre decidió que tenía mi hermana hace unos años y yo hace unos meses… la descubrió un buen día por casualidad leyendo una revista… y desde entonces intenta someternos a todos a su tratamiento relacionando todos los síntomas que describía el artículo con nuestro historial médico.

La cosa es que por H o por B… no digiero demasiado bien, y como consecuencia directa hago mucha caca… He tenido que aprender a hacer caca allá donde vaya, y hablar del tema creo que me ayuda a superar las vergüenzas resultantes de por ejemplo, ir a casa de un conocido y usar el servicio. Es como cuando te sale un grano y en lugar de intentar ocultarlo para que nadie diga nada… llegar y decir: “Bueno, lo primero mirad qué pedazo de grano me ha salido! ¿Lo habéis visto bien? ¿Algo que comentar? Pues eso, ya lo he dicho

Lo que pasa es que al parecer se me ha ido de las manos… ya no sólo hablo de la caca cuando hay necesidad… cuento a posteriori mis hazañas en el WC, narro anécdotas de días en que comí una se esas cosas que me resienten el estómago… en fin. Hablo de más… y fíjate si me he acostumbrado que me sorprendo cuando alguien que no me conoce tanto me mira con un gesto extraño mezcla de asco, deconcierto y disimulo.

Mi padre me dice que soy “escatológica”… y todo porque desde pequeña le persegía cuando se tiraba un pedo para disfrutar del olor. Mira, ahora que lo escribo (y recuerdo) esto me da asco hasta a mí… pero es cierto. Mi padre tomaba unos zumos de tomate llamados “V8”… pero no había manera… le prodicían gases… y así nos pasabamos la tarde… él se alejaba para tirarse pedos alegando que iba a buscar algo en otra habitación… y yo en cuanto detectaba aquel olorcillo (porque por mucho que se alejara aquello acababa extendiéndose por todo el apartamente) salía como alma que lleva el diablo a buscar el origen de aquella fuga de gas… para habernos grabado, de verdad que qué lástima yo!

Ya no hago esas cosas… pero sigo siendo escatológica. Recuerdo un año que hicimos amigo invisible en la universidad… mi compañera me regaló un par de detalles, entre ellos el cagón del Belén. Que existe, y no es una invención mía como creen muchos… es una figura que está agachada haciendo caca detrás del pesebre… dios me creó a su imagen y semejanza.

Hace poco otra amiga mía me regaló El Libro de la Caca… un libro que habla de la caca así, como yo… sin tapujos. No tiene desperdicio… unos dibujos, unos colores, unos ejemplos… lo escribió una Psicóloga en plan serio… pero es que es de coña!! Habla de los tipos de pedos, de los mochileros, de los que te tiras en el agua… de las formas, de los colores, de los olores… tremendo documento… lo he puesto, escato-lógicamente, en el baño como lectura de entretenimiento…

Y es que así soy yo, una cagona… antes pensaba que me costaba trabajo hacer caca a veces…. Decía: “me voy a fumar un piti para hacer caca”… y creía que la caca era resultado de el piti. Me dí cuenta de mi engaño cuando me descubrí el otro día retorciendo las piernas aguantando como podía, dando saltitos… y diciéndole a mi novio: “Corre, corre… dame un piti que me cago!”


En fin, que tengo que asimilarlo, que cuando la gente piensa en la caca se acuerda de mí… oye, y que mientras se acuerden… qué más da la razón! Así que yo en mi línea, educo a mi sobrino es esta creencia… y él ya lo sabe… le miro y digo frunciendo la nariz. Yo: “M m m m m m… el culo de Matteo…”. Él: “… huele a CACA

Thali

Estar triste…

Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Lo que cuenta cada Cual, Lo que me revienta los cojines | No Comments »

Estar triste

Estar triste es lo peor que hay… sea por que sí, sin razón, o sea porque nos pasó algo malo de verdad. Es una sensación de mierda, y no se puede evitar. Y como vino se fue… dejándonos un poco trastocados… y eso en el mejor de los casos.

Me da mucha pena ver a personas que están tristes… con sus círculos, sus trabajos, sus días… con lo que son. Gente de ésta que no tiene nada especial que les haga evidentemente infelices… quiero decir con esto que no me refiero a personas con una enfermedad, o con un trauma particular que ha truncado sus vidas… me refiero a gente normal, que poco a poco se va apagando… gente joven que no sabe por qué esta angustiada por dentro.

Alguien me dijo el otro día… es que no sé qué me pasa que lloro todos los días… 8 de 10, de verdad. Y sí sabe algunas cosas que le puedan haber hecho daño, pero ya no es eso…  es tristeza sin más, pero sin imégenes que pasan por la cabeza recordando cosas malas… no, son lágrimas como puños, muy sentidas.. pero muy huérfanas de razones.

Mi padre me dijo una vez que no es justo… que la felicidad tendría que poder almacenrse, embotellarla de algún modo, tener una hucha con forma de cerdo, o con forma de rastafari fumando porros… lo mismo da… pero saber que la tienes ahí. Racionarla de tal manera que no nos den estos excesos de adrenalina y energía, estos subidones que dan a veces que lo ponen a uno de buen humor sin motivo alguno… y como contrapartida ese sentimiento te abandona de golpe dejándote desolado, y sintiendote más vacío y triste que antes de instalársele a uno dentro.

Ese día de alegría a mansalva desmedida, después de ducharnos pero antes de desayunar, nos sacudiríamos con mucha energía como sólo el asqueroso perro de Beethoven sabe hacer… y las paredes quedarían impregnadas de felicidad… trapito en mano, o pinzas, o cazamariposas en mano… (cada cual se imagina el cuerpo/densidad/estado de la felicidad como quiere) la juntaríamos toda… quedándonos estables… ni chicha ni limoná! Y la calle..

Un día malo, muy malo… de estos que te levantas tocado por algo… sea un recuerdo, sea el ángel malo de la imaginación… te levantas triste, dolido, delicado… pues ese día podrías, después de desayunar pero antes de ducharte… irte con tu mierda de nudo en la garganta a por la hucha… agitarla para sentir la felicidad ahorrada… ya sólo de sentirla dentro de la hucha, oye… uno como que se va poniendo de mejor humor.

Lo cojes… 2 cucharaditas, o 1 chorro, o 3 pellizquitos de felicidad… lo disuelves con un poco de agua y jabón… y a la ducha a darse bien de felicidad con la esponja… sin olvidar el ombligo y ese cacho de piel en el centro de la espalda… te secas… sales de la ducha… y lo dicho… a sacudirse como Beethoven por si sobrase algo para épocas de vacas flacas.

Qué no hay que abusar de la felicidad almacenada… no sería pura, de hecho no sería ni real si quiera… sería más un placebo que otra cosa… para darnos esa sensación de alivio, de suerte, de “esto no va conmigo”… y darnos ese margen para ser sin poder sufrir, y que este positivismo de embuste nos lleve otra otras cosas más buenas y más de verdad, y así en plan efecto mariposa… definitivamente la felicidad se recoje con cazamariposas, es oficial.

Y lo que tampoco estaría permitido sería almacenar mucha felicidad… ser un ahorrador compulsivo o un avariciose sería de tontos porque si no la usas pierde su magia… desaparece sin más sin dejar cercos si quiera…

Y no sé a qué viene esto… pero no sé, no me gusta ver a alguien triste, con dolor al hablar, al mirar… que hace un esfuerzo constantemente por retener esa lágrima. Que no tiene ganas de nada.. y que prefiere no ver a nadie antes que que la vean así. No sé… creo que pasó un poco de su tristeza, porque me ha dejado un poco chof  abrir su hucha de trsiteza… tenemos que cuidar más a la gente. Sólo espero que nuestra conversación fuese simbiótica… y ya que yo me he quedado un poco de su dolor, a ella le haya quedado un poco de mi felicidad.

Thali