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Estar triste…
Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Lo que cuenta cada Cual, Lo que me revienta los cojines | No Comments »Estar triste
Estar triste es lo peor que hay… sea por que sí, sin razón, o sea porque nos pasó algo malo de verdad. Es una sensación de mierda, y no se puede evitar. Y como vino se fue… dejándonos un poco trastocados… y eso en el mejor de los casos.
Me da mucha pena ver a personas que están tristes… con sus círculos, sus trabajos, sus días… con lo que son. Gente de ésta que no tiene nada especial que les haga evidentemente infelices… quiero decir con esto que no me refiero a personas con una enfermedad, o con un trauma particular que ha truncado sus vidas… me refiero a gente normal, que poco a poco se va apagando… gente joven que no sabe por qué esta angustiada por dentro.
Alguien me dijo el otro día… es que no sé qué me pasa que lloro todos los días… 8 de 10, de verdad. Y sí sabe algunas cosas que le puedan haber hecho daño, pero ya no es eso… es tristeza sin más, pero sin imégenes que pasan por la cabeza recordando cosas malas… no, son lágrimas como puños, muy sentidas.. pero muy huérfanas de razones.
Mi padre me dijo una vez que no es justo… que la felicidad tendría que poder almacenrse, embotellarla de algún modo, tener una hucha con forma de cerdo, o con forma de rastafari fumando porros… lo mismo da… pero saber que la tienes ahí. Racionarla de tal manera que no nos den estos excesos de adrenalina y energía, estos subidones que dan a veces que lo ponen a uno de buen humor sin motivo alguno… y como contrapartida ese sentimiento te abandona de golpe dejándote desolado, y sintiendote más vacío y triste que antes de instalársele a uno dentro.
Ese día de alegría a mansalva desmedida, después de ducharnos pero antes de desayunar, nos sacudiríamos con mucha energía como sólo el asqueroso perro de Beethoven sabe hacer… y las paredes quedarían impregnadas de felicidad… trapito en mano, o pinzas, o cazamariposas en mano… (cada cual se imagina el cuerpo/densidad/estado de la felicidad como quiere) la juntaríamos toda… quedándonos estables… ni chicha ni limoná! Y la calle..
Un día malo, muy malo… de estos que te levantas tocado por algo… sea un recuerdo, sea el ángel malo de la imaginación… te levantas triste, dolido, delicado… pues ese día podrías, después de desayunar pero antes de ducharte… irte con tu mierda de nudo en la garganta a por la hucha… agitarla para sentir la felicidad ahorrada… ya sólo de sentirla dentro de la hucha, oye… uno como que se va poniendo de mejor humor.
Lo cojes… 2 cucharaditas, o 1 chorro, o 3 pellizquitos de felicidad… lo disuelves con un poco de agua y jabón… y a la ducha a darse bien de felicidad con la esponja… sin olvidar el ombligo y ese cacho de piel en el centro de la espalda… te secas… sales de la ducha… y lo dicho… a sacudirse como Beethoven por si sobrase algo para épocas de vacas flacas.
Qué no hay que abusar de la felicidad almacenada… no sería pura, de hecho no sería ni real si quiera… sería más un placebo que otra cosa… para darnos esa sensación de alivio, de suerte, de “esto no va conmigo”… y darnos ese margen para ser sin poder sufrir, y que este positivismo de embuste nos lleve otra otras cosas más buenas y más de verdad, y así en plan efecto mariposa… definitivamente la felicidad se recoje con cazamariposas, es oficial.
Y lo que tampoco estaría permitido sería almacenar mucha felicidad… ser un ahorrador compulsivo o un avariciose sería de tontos porque si no la usas pierde su magia… desaparece sin más sin dejar cercos si quiera…
Y no sé a qué viene esto… pero no sé, no me gusta ver a alguien triste, con dolor al hablar, al mirar… que hace un esfuerzo constantemente por retener esa lágrima. Que no tiene ganas de nada.. y que prefiere no ver a nadie antes que que la vean así. No sé… creo que pasó un poco de su tristeza, porque me ha dejado un poco chof abrir su hucha de trsiteza… tenemos que cuidar más a la gente. Sólo espero que nuestra conversación fuese simbiótica… y ya que yo me he quedado un poco de su dolor, a ella le haya quedado un poco de mi felicidad.
Thali