No caer en la rutina…

Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual, Lo que me revienta los cojines | 2 Comments »

No caer en la rutina es una tarea difícil. Yo, desde hace un tiempo a esta parte, me dí cuenta de que estaba absorta en la más rutinaria de las rutinas. Cumplía con los horarios impuestos entre semana, y los findes acababa siempre en el mismo bar con las mismas caras y la misma copa en la mano.

Con el tiempo esto fue cambiando, sin esfuerzo por mi parte. Unos cambios en mi vida llevaron a otros, y poco a poco fui descubriendo nuevos rincones, nuevos personajes…

Desde que volví de Londres, hace cerca de un año… me he ido reacoplando en el hueco que dejé al irme… retomando posiciones. Había pasado un año desde que me había marchado… y por primera vez no sentí eso de: “Fue raro regresar, porque uno ha vivido muchas cosas nuevas, ha cambiado… y cuando regresa a su ciudad es como si el tiempo no hubiese transcurrido… todo está exactamente como lo dejaste”.

Pues mi historia no es así… ni me encontré mi habitación tal y como la dejé (típica imagen de peli con los peluches de cuando uno era más pequeño, posters de grupos desaparecidos ya, fotos de amigos a los que se les perdió el rastro, etc). Mis cosas habían sido embaladas en cajas, mi ropa apilada en armarios y mis recuerdos almacenados en los que ha pasado a ser “la caja de los recuerdos” típica que todos tenemos. Pero me alegro, eh?? Que mi mami empaquetó mi vida durante mi ausencia… sí… pero al regresar me cedió la buhardilla de la casa, un espacio para mí dónde crear cientos de nuevos recuerdos mejores.

La cosa es que el año mío en Londres pasó para todos… creo que un año decisivo en la vida de más de uno… mi hermana, mi cuñado y dos de mis más mejores amigas se hicieron mamis y papis ese año… la mayoría de mis amigos dejaron las aulas y las cafeterías para adentrarse en las oscuras aguas del mundo laboral… en fin… que no nos hicimos adultos, pero sí dejamos de ser niños.

Ahí estamos, entre dos etapas bien distintas… y bien, a gustito, la verdad. Desde que volví he tenido la sensación de que no tengo una rutina clara. Me doy cuenta cuando alguien me pregunta: “¿Y tú a a qué bares sueles ir los sábados?”. No sé qué decir… últimamente los planes me surgen distintos… y me gusta porque aunque las noches siguen siendo “las noches”… ahora también disfruto de los días, de planes al solete, de no despertarme a la hora de comer… que a veces sí. eh? Pero compagino más el día y la noche, y ya no me pasa eso de “no perdonar un sábado sin salir”.

Hace unos meses me apunté a un equipo de football femenino… no os lo he contado hasta ahora porque no habíamos ganado ni un maldito partido. Os preguntaréis qué lleva a una chica de 25 años que en su vida ha tocado una pelota con los piés a apuntarse a un equipo de football… lo diré sin más, malas influencias. Nooo… digamos que es una liga que organiza un bar de Chueca para aumentar la clientela y darse a conocer… una buena amiga de la uni se iba a apuntar con un grupo de amigas, les faltaba gente… y nos hizo el lío a todas las de clase… y como todas estamos medio fatal y nos apuntamos a cualquier plan sin pararnos a pensar… pues ahí estamos.

Nos llamamos las Hot Muffins… esto último no lo voy a explicar. Pero que sepaís que nuestro nombre es bastante light comparado con los de nuestras rivales. Somos las peores. Somos supuestamente un grupo de lesbianas… pero lo cierto es que más de la mitad somos heteros… o lo éramos antes de empezar la liga (es bromita). Nuestros novios son nuestros seguidores más fieles, vienen a los partidos y nos gritan desde el banquillo… “Pásala, arriba, hazle falta, bién defendido…” Es muy diverido. Somos las peores… quedamos para entrenar a  las 8:00… la primera llega a las 8:00 y le toca esperar 45 minutos hasta que llega la siguiente… así hasta las 10:00, cuando estamos todas y decidimos irnos de cañas mejor que entrenar.

Hemos llegado a perder 17-1… desde entonces hay quien duda si jugamos al baloncesto y no al football. Pero nos da igual, nos lo pasamos fenomenal… y nos hemos juntado un grupo de gente muy bien. Un poco alocada, pero sanamente… ayer ganamos… yo no jugué… estaba con caca (normalmente os diría un pretexto menos grosero, pero desde que escribí “La Caca” me siento libre de hablar sin tapujos). Así que yo desde el banquillo animaba a mis súper-nenas… y gooooooooooool! No sabéis que fiesta… hasta dos goles metimos… sí, las adversarias eran penosas, pero y qué?

Al acabar el partido nos fuimos a bañar a una fuente… los niños pijos que tomaban el sol nos miraban con los ojos desorbitados y gestos de menosprecio. Imaginaros una fuente decorativa en medio de jardines perfectamente recortados para recrear la vista de los transeuntes… y un grupo de 12 locas disfrazadas de Oliver y Bengi… descocadas tirándose, haciéndose ahogadillas en una fuente que cubría hasta las espinillas… fue emocionante.

Y así es todo últimamente, unos planes locos me llevan a otros… me siento que no paro de hacer planes, y que cuando no estoy haciendo planes estoy planeando planes que hacer. Y eso tampoco me gusta… he caído en una rutina, muy distinta de la anterior que era más plana… pero rutina al fin… mi rutina ahora consiste en hacer planes muy variados y pintorescos… y parece mentira, pero extraño un poco la tranquilidad… el estar sin hacer nada y no sentir que estás perdiendo un valioso tiempo… echo de menos un poquito de normalidad, un porquito de “Qué haces?” “Nada especial, tiradita en casa”.

Me siento como el prota del libro ese en el que un chaval se propone dicir a todo que sí durante 3 meses… es real. No importaba lo que le preguntasen tenía que decir que sí: “¿quiere usted que le ponga una mascarilla fortificadora del cabello por valor de 5 euros? SÍ.” “Te vienes a un concierto de lo último de Britney Spears? Sí” “Hola guapo, quieres que te haga… un favorcito? conozco un motel que está a sólo dos manzanas de aquí. SÍ”…

En fin, no me pasan cosas tan tan… y gracias a Dios sigo teniendo voluntad… pero sí es cierto que me siento que no paro… que ando como loca solapando planes como malamente puedo, que encadeno comidas de amigas con cenas familiares… que no acado de disfrutar el momento en sí, porque ando preocupada pensando en la actividad siguiente…. Y no puede ser.

Se me hace difícil encontrar el equilibio, enseguida me entusiasmo por cosas… y eso me crea ansiedad en lugar de disfrutarlo. Ahora quiero patinar los findes, sin dejar el football, ir a las clases de canto de vez en cuando, apuntarme a baile Bollywood,… me gustan demasiadas cosas y quiero hacerlas todas…

Os juro que ya no me compro la Guia del Ocio porque me crea estress… una vez la compre, señalé los espectáculos que quería ver, y los lugares a los que quería ir… que si monólogos, que si un bar donde sirven huevos de avestruz enormes, que si clases de claqué, que si una exposición viviente en la calle… los planes se superponían y no era capaz de decidirme… estaba en un sitio pensando en lo que me estaba perdiendo por no haber ido al otro… y ni chicha ni limoná… frustrada y nerviosa.

Decidí que la Guía del Ocio no es buena para los oció-patas… que una y no más, Santo Tomás.

Que la rutina es mala, pero la anti-rutina no es el remedio… así que relajo… despego los post-its de mi ordenador donde tengo apuntados planecillos pendientes, cierro la agenda… y me prometo no apuntarme “recordatorios” en la mano hoy… hoy descanso de mí misma y de los demás… así que me despido deseándoos un feliz lunes… pricipio de semana… que os pasen muchas cosas buenas y sorprendentes… pero que surjan… que si nos planeamos las cosas nosotros mismos, aunque sean cosas poco convencionales y originales, no dejamos que la vida nos sorprenda por si sola con sus peculiaridades que rompen con la rutina naturalmente… o no las percibimos porque andamos demasiado ocupados planeando planes que nos ayuden a romper la rutina premeditadamente… y así no se vale!

Thali