Desconocidos con derecho a roce!!

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Desconocidos con derecho a roce

Odio la rutina, pero necesito determinados actos que se repitan día tras día a la misma exacta hora… me hacen sentir que estoy dónde y cúando debo estar.

Insisto, no es que me guste, es que necesito la repetición sistemática de actividades para sentirme en mi lugar. Y por ello todos los días a las 9:15 desayuno en el Sandwich Club un café para llevar con mucha leche templada (pero más caliente que fría) con medio sobre de azúcar. No bailo al son de Living la vida loca, no llevo en mi alma tatuado un carpe diem marcado a pinchazo lento y mi lema de vida no es aquí te pillo y aquí te mato.

Nunca me lo llevo … pero me gusta el vaso “take away” con su tapita y su huequito perfecto para sorber traguitos dosificados en movimiento.

Pues lo que sucede cuando estás todos los días en el mismo sitio a la misma hora es que las cosas que suceden a tu alrededor van organizándose también en torno a tu cíclico hábito. Poco a poco vas conociendo las caras de los que te acompañan en tu rutina, van dejando de ser completos extraños para pasar a ser una parte fundamental escenario diario.

Lo curioso es que te das cuenta de su existencia exactamente el día que uno de los elementos falta… el ser humano funciona así en todas las áreas de su vida, sólo se da cuenta de la presencia de algo cuando deja estar presente.

Así descubrí yo que tenía un compañero de desayuno. Un desconocido con el que había compartido al menos 140 cafés… él en su mesa, yo en la mía… una mirada de roconocimiento inconsciente y 10 minutos uno al lado del otro sin mediar palabra… así unos largos 7 meses… y yo sin saberlo.

Fue hace un mes que me dí cuenta de su existencia debido a su ausencia. Lunes nada, martes mosqueo… y el miércoles me pregunto: ¿dónde está el hombre que se sienta todos los días en esa mesa? Apareció en mi mente su clara imagen como si de un familiar se tratase, recordaba su pelo, su color de ojos, su postura… y a penas sabía su nombre!!

Al principio me comí la cabeza: le habrán despedido?, estará enfermo?, habrá cambiado de cafetería?… decidí que estaba de vacaciones para no volverme loca. Y el jueves apareció… aliviada le miré con complicidad y cierto gesto de reproche preocupado. Me respondió con la mirada como adivinando mi preocupación. Su gesto me dijo: “Sí, he estado unos días fuera”. Y algo más: “Siento no haberte avisado, no volverá a suceder”.

Y desde entonces hemos entablado esta relación… que no va más allá de un simple “buenos días” “mañana nos vemos”… y es que no tendría sentido llevarlo más lejos, perdería toda su magia… y los dos lo sabemos.

Pero no sólo desayunamos este señor de 40 y tantos años bien llevados y yo… hay más personajes en esta representación matutina. Pero hay dos que captan toda mi atención.

Él llega a las 9:15… mira a los lados impaciente deseando con los ojos encontrárla allí sentada. Pero ella casi, casi, casi siempre se hace esperar. Él se pide su café… y ansioso intenta disfrutar del desayuno, comosi fuese esa la razón que le impulsase a estar en la cafetería.

Por fin ella aparece… los dos se miran con nerviosismo de primeros novios a la salida del colegio… él se levanta de nuevo en busca del café de ella, fiel al ritual, y ella toma asiento reconquistándole a cada movimiento, segura de sí misma, pero con aires de inocencia fingida. No me creo nada!!

Ella es vital… una madurita sexy, juvenil, pero con lo bueno que le dan sus años de experiencia. Él, creo yo, es un pobre tonto que está reviviendo sus amores fracasados de instituto, pero con un final feliz 35 años más tarde… cada día no cree su suerte, y creo que cada día se despide de ella pensando que fue el último, y cada día regresa a la cafetería sin esperanza de encontrarla allí… y sufre creyendo que aquello fue un sueño finito, hasta que ella le regala su simple presencia una mañana más… eternamente agradecido.

Y es que no entiendo nada… una vez los cuatro, los dos café y los dos protagonistas…comienza un, nada disimulado, juego de caricias, confidencias al oído, manitas nerviosas, besitos y besos de Harrison Ford… es un escándalo.

Tanto amor levanta sospechas… pero no soy capaz de juntar las piezas de este puzzle en el que sólo ellos parecen encajarse el uno al otro a la perfección. 

No están casados (entre ellos, al menos) porque llegan cada día por separado.

Casados con otros? Ella no lleva alianza, asumo que no.

A él no consigo verle las manos, siempre por debajo de las faldas de ella. Asumo que sí.

¿Son amantes? ¿Por qué han escogido una cafetería de un parque empresarial como su madriguera de amor cautivo? Además, ¿trabajan en ese mismo parque empresarial? Trabaja él allí? Ella? Los dos? Ella suele ir informal… ahí radica su encanto, no es presuntuosa, pero sabe exactamente dónde está cada uno de los mechones de su aparentemente alborotada melena cobriza. Asumo que no trabaja, o al menos no tiene el horario estándar de clase media.

Él va de traje, como un pincel (planchado por una mujer florero leal, me temo). Él va a trabajar a algún sitio, eso es seguro. Y su oficina no puede estar muy lejos… estamos hablando de que son las 9:25 de la mañana… y el horario estándar de clase media marca que a las 9:30 se entra a currar, como tarde… así que su lugar de trabajo está a menos de 5 minutos de el lugar donde se magrea con una mujer que evidentemente no es su señora? En qué descarada cabeza cabe este absurdo comportamiento?!

Deduzco que él está casado (con la pobre diabla que así planchaba, así así… ) porque no se ven durante el fin de semana. Claro, él está ahí, de sábado cumpliendo con la otra cara de la moneda que es su doble vida… sé que no se ven los fines de semana porque los lunes sí que se cogen con ganas. Los lunes son los días más felices para Fulanita de Tal y Menganito de Cual… bueno, para él seguro, de ella no me fío nada!!

Pero pongamos que no están casados (con otros)… que son una pareja “anormalmente” enamorada… libres de amarse fuera de pecado, vamos… que no hay nada turbio en esta relación tan idílica. Igualmente… ¿a qué coño viene tanto besuqueo en tu lugar de trabajo? ¿Quién se mete mano en la cafetería en la que puede desayunar su jefe? ¿Qué pasa con las normas sociales? ¿Con los tabúes? ¿Dónde quedó la marca de los golpes en los nudillos de la regla de 30 cm que empuñaba un cura represor? ¿Qué hay del que dirán y del donde metas la olla no metas la p…?

Necesito entenderlo… necesito sentarme un día en su mesa y preguntarles abiertamente, sin rodeos: “Buenos días, bueno…¿alguién me puede explicar qué coño está pasando aquí?”

Aunque por otro lado… este misterio llena mis mañanas de dudas, de simbolismos, de una curiosidad que me da vidilla… y me viene bien, los lunes lo agradezco más que nunca, son el día más duro… pero gracias a la extraña pareja lo llevo mejor… por supuesto de la mano de mi compañero de desayuno… quien disfruta tanto como yo de los encuentros no furtivos de los amantes del Sandwich Club.

 

Thali

Oink Oink

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Tanto Nostradamus, tanta leche, y al final el único que lo había previsto todo es Michael Jackson.

Cual