Sin Complejos…
Posted on Tuesday, September 8th, 2009 at 12:46 pmTodo el mundo tiene sus defectos, Nadie es perfecto.
Es algo que todos sabemos, pero que por alguna razón nos cuesta inmensamente aceptar.
Ya sea en el plano intelectual, como en el puramente físico, al ser humano le resulta de una complejidad extrema discernir sus carencias con la misma clarividencia con que detecta de un rápido vistazo las taras de sus congéneres. Aquello de “la viga en el ojo ajeno”…
Rechazamos la idea de la propia imperfección desde la misma cuna en la que nuestros padres nos repitieron sin cesar eso de “quien es el niño más guapo, más listo, más simpático…??”.
En lo que se refiere a la imperfección ajena, en cambio, la negación empieza con el primer amor, y termina con el primer desengaño.
Pero es esta primera, la conciencia del “yo perfecto”, o más bien la inconciencia del “yo fallido”, la que me interesa abordar ahora.
Es fascinante la capacidad que tienen (tenemos, muy probablemente) algunos individuos de modelar la imagen que un despiadado espejo se empeña en reflejarnos. O quizás su (nuestra??) habilidad consiste, no tanto en disfrazar esa imagen, sino en saber transformarla a un lenguaje plagado de diminutivos y connotaciones afectivas, que hacen del susodicho defecto algo casi entrañable. Así, por ejemplo, las carnes que se descuelgan de nuestra cintura por el mes de enero, como consecuencia del atracón navideño, y que no nos quitamos de encima hasta bien entrado el mes de mayo, no son jirones de grasa, sino “graciosos rollitos de de primavera”; el cabello blanquecino que aflora en nuestras sienes a partir de la cuarentena, no son mechones de canas, sino “reflejos de madurez”; y a los múltiples defectos que adornan nuestra anatomía, que van desde unos pies desproporcionadamente largos, a unas orejas con punta de duende, nos empeñamos en elevarlos a la categoría de “extraordinarios” en tanto y en cuanto nos hacen “únicos”.
No somos auto-críticos, y el problema es que al final, tanta negación acaba por perjudicarnos. Y es que no hay más ciego que el que no quiere ver! Qué hay más triste si no, que el pobre calvo, que es el único en la faz de la Tierra que aún no sabe que lo es!! Y no porque el epicentro de su calva esté situado en un punto de difícil acceso visual como es la coronilla, sino porque aunque hace años ya que la mal-venida calva se extendió por toda la curvatura de su cocorota, el tío insiste en peinar su largo y único mechón, de oreja a oreja, en un fallido intento de pretender una melena, que no convence a nadie sino a él mismo.
Igual que la gordita que saca a pasear sus carnes entre un ajustado top por encima del ombligo y unos estrechos vaqueros que le sacarían la chicha a la mismísima Kate Moss…
No os engañeis, no se trata de “Gente DYC”, no es por falta de complejos, sino por desconocimiento de los mismos!!!!
Yo, por mi parte, creo que resultaría más provechoso dedicar la mitad de las horas que dedicamos a engañarnos, a la simple tarea de observarnos con objetividad, o incluso mejor, con la misma subjetividad mezquina con la que juzgamos a los demás…
Quizás así acabaría por entender la razón de que nadie (salvo tú, Clau) comente jamás estos posts…
No es que nadie los lea, no! Es que son tan buenos que a la gente le da reparo no estar a la altura. Eso es!
Vero

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