Feb
Electra
Posted in Las Gafas, Las Reflexibles | 2 Comments »Siempre quise tener hijos. Y cuando digo hijos, me refiero a chicos, niños, con rabito entre las piernas, vamos, lo que viene siendo varones.
Ya sé que suena un tanto sexista, y no sabría siquiera explicar de dónde procede esta inclinación… Quizás sea por que, al haber crecido entre mujeres, siempre he echado en falta un poco de testosterona en el ambiente… O quizás porque cuando recuerdo las diferentes etapas de mi infancia y juventud, no puedo evitar sentir lástima por mi madre, y los mil y un disgustos que mi indomable insolencia le ha hecho pasar.
Cierto que lo anterior no se debe necesariamente a mi sexo, sino a mi consabido mal carácter, pero me pregunto si lo uno no viene un poco enaltecido por lo otro. Es decir, de haber sido yo un chico, cuántas de esas peleas de gatas nos habríamos evitado? Quizás ninguna, no lo sé. O quizás en lugar de peleas de gatas, habrían sido peleas de perros, o simplemente peleas… Pero lo cierto es que siempre he creído que los chicos quieren a sus madres de una manera especial, como con una especie de respeto admirativo que casi roza la veneración. O al menos yo no he tenido un novio que no atesorase a su madre en honorable pedestal y bajo vitrina protectora. Y, podéis creerme, no todas mis suegras lo habrían merecido!! No me quejo, nunca he tenido una mala suegra de verdad, la típica suegra bruja que todos tememos encontrarnos un buen día instalada en casa, y para la que nunca ninguna mujer será digna merecedora del amor de su perfecto hijito (me pregunto si algún día me convertiré en una de ellas!!). Todo lo contrario, mis ex -suegras han sido todas más que aceptables, y hasta me considero afortunada en cuanto a lo que a mi actual suegra se refiere. De hecho, hasta la palabra “suegra” le queda grande por defecto. Pero… de ahí a la veneración… va un trecho de objetividad! Ojo, no es que yo a mi madre no la respete y admire, que quede claro! Mi madre es, sin duda, de las personas más cándidas que he conocido, y no hay ser humano en la tierra que no caiga rendido ante su perenne sonrisa; es valiente, enérgica, entregada, y una de las mejores amigas que tengo en este mundo; pero, lo cierto es que, ni es virgen, ni es santa, ni es perfecta, ni así lo he creído nunca.
Todo esto para decir que, por un motivo que debe tener su origen en una especie de Complejo de Edipo inherente al sexo masculino, aunque en versión light, parecería que el amor de los chicos para con sus madres es algo que cualquier madre de fémina debería tener que envidiar. De igual manera que las niñas ocuparán siempre un lugar especial en el corazón de sus orgullosos padres.
Y yo me pregunto… qué nos queda a nosotras, sus mujeres, compañeras de vida, consejeras, e incondicionales amantes (pese a los kilos que los años añaden a su cinturón!). A dónde nos vemos relegadas en esa eterna batalla, en la que madre e hijitas juegan con ventaja, gozando de un lugar privilegiado en su corazón??
Pues chicas, cómo será la vida, que cuando en la eco del otro día, el ginecólogo nos anunció que se trataba de una niña, mayor que mi alegría sólo fue la de mi suegra! Y es que… todo en esta vida encuentra su equilibrio… y si bien es cierto que la hijita que llevo dentro viene a robarme mi puesto de princesa, bien me vale convertirme en Reina! Y si algún día me falta cariño, yo también tengo a mi propio Edipo que me lo conceda…
Bienvenida al Mundo, chiquitina!! Jamás cedí mi corona con tanta ilusión.
Mamá (Vero)



