Madre sólo hay una… gracias a Dios!

Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual, Lo que hay que ver!, Lo que mató al gato, Lo que me revienta los cojines | 2 Comments »

Mi madre es una persona muy especial, en todas las acepciones posibles de la palabra…

Será mejor que os lo ilustre en un ejemplo.

Esta conversación la tuvimos ayer. Después de tres semanas desde la muerte de su ordenador, después de tres semanas desde que se apropió del mío… me llama.

Yo: Hola Mamita!

Ella: … pues eso, imprimimos unas 200 invitaciones… o cancelamos la exposición?!… déjame ver…

El de las impresiones: Hombre, Mireille… son para mañana, llevamos un mes decidiendo este asunto… no es por presionarla, pero me vendría bien una respuesta definitiva.

Yo: Maaaaaaaaaammmmmmmmmmiiiiiiiiiii… mami, mami, mamiiiii

Ella: Sí, sí. Claro, claro… una respuesta definitiva…a ver…

Yo: Mmmmmaaaaaammmmmmmmi, mami!

Ella: … sí? Ay… Thali, se me olvidó que te había llamado. Je je! Es que estoy aquí con Rafa, el de imprenta… y bueno, no sabes…estamos aquí tomando decisiones. Bueno, que es un cielo… se ríe. Ay, Thali… te iba a pedir una cosa,  tú podrías-?

Yo: Mami, estoy en el trabajo, de verdad que estoy liada.

Ella: Ah! Claro, estás en el trabajo… bueno chica pero no me puedes hacer el favorcito?

Yo: Mami, es que ahora mismo estoy muy liada.

Ella: Ah…bueno… claro, liada… de todos modos, bueno… tú cuando tengas un ratito me haces un fotomontage, me diseñas la tarjeta de visita y me redactas un textito…

Yo: Mami-

Ella: Yo te dejo mandado por mail lo que he hecho ya…

Yo: Y por qué no lo vemos esta noche en casa?… por cierto, te han dado ya tu ordenador nuevo?

Ella: Ay… sí, nena. Al final es un MAC.

Yo: Cómo que al final es un MAC? Lo habrás decidido tú.

Ella: Sí, sí… yo es que ne-ce-si-to un MAC.

Yo: Mami… no necesitas un MAC, para lo que haces un PC te sobra… los MACS son caros, son complicados de utilizar-

Ella: Thali. Yo ya dije que la siguiente vez que me comprara un ordenador sería un MAC. Tú no lo entiendes. Lo ne-ce-si-to para mi trabajo.

Yo: Bueno, lo que sea. Me alegro.

Ella: Ay, gracias. Y yo. Está en casa en su cajita.

Yo: Pues perfecto porque esta noche voy a ver una peli y ne-ce-si-to mi ordenador de vuelta.

Ella: Ah, no, no, no, no, no! No te lo puedes llevar.

Yo: Qué dices? Pero si ya tienes tu ordenador.

Ella: Ya, hija. Pero es que es un MAC, no sé utilizarlo.

 

Con todo el cariño del mundo, a mi mamá… una persona muy especial.

Besotes

 

MUY FELIZ CUMPLEAÑOS

Posted in El monóculo, El pan nuestro de cada día, Las Causualidades, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual, Lo que hay que ver!, Lo que mató al gato, Lo que me revienta los cojines, Los nudos en la lengua | 5 Comments »

Salvo mi 11º cumpleaños, y recuerdo que era el 11º porque faltó poco para que las dos velas puntiagudas que representaban sendos 1 se me clavaran en los ojos dejándome invidente de por vida, cuando una prima cuyo nombre no quiero delatar (tú sabes bien que eres tú, L.M.) colmó sus mejores fantasías jocosas restregándome la elaborada tarta de cumpleaños en toda la cara… pues decía, que, salvo ese desafortunado incidente, recuerdo con inmenso cariño todos y cada uno de mis 29 cumpleaños.

 

En gran medida se lo debo a mi padre, que, desde que tengo uso de razón, se ha esmerado, igual que hizo con la Navidad,  en darle a estas festividades un carácter de mágica fantasía que todo lo envuelve, tipo la musiquita del castillo de Disney. (No sé qué tiene esa musiquita, pero lo cierto es que casi alcanzada la treintena, cada vez que la oigo se me paran los pelos!!)

 

Como yo cumplo en agosto, siempre me ha pasado lo típico de que ninguno de tus amigos del cole está para celebrar tu cumple, pero en honor a la verdad, eso nunca me ha importado. Total, he pasado por 5 coles distintos entre los 3 y los 17 años (los 18 los cumplí en agosto, así que ya había terminado), lo que no me ha ayudado nunca a la hora de estrechar lazos con mis compañeros (respecto a esto tengo que añadir que hoy me arrepiento de no haberme esmerado más), y como durante toda mi edad media-infante y parte de mi adolescencia, mi única obsesión fue siempre volver a Puerto Rico, lo cierto es que el hecho de que mi cumpleaños coincidiera sistemáticamente con mis vacaciones en la Isla, me pareció siempre más una suerte que un motivo de queja. De hecho, sólo recuerdo 3 cumpleaños celebrados lejos de mi tierra: los 3 años los celebramos en Haití, en casa de mis abuelos, junto con el bautizo de mi hermana, y nos trajeron un burrito para dar vueltas por el jardín; los 8 los celebré en Madrid, en unas vacaciones de verano, justo un año antes de trasladarnos aquí de forma definitiva, cosas del destino… ; y los 28 los celebré en Las Vegas, en compañía de mi recién estrenado marido, en plena Luna de Miel. Fuimos a ver el espectáculo de “O”, del Cirque du Soleil. Mereció la pena saltarse la tradición.

 

Por lo demás, todos los cumpleaños que recuerdo han sido en Puerto Rico, bajo la mágica batuta de mi padre, y siempre con las mismas caras: Clau, Gemelas, Libe, Thali, bendito, cuando la dejábamos venir… Los escenarios: Plaza Acuática (una especie de AquaPark boricua que era mi pasión por entonces), Hacienda Carabalí y sus caballos, Kayaking en la laguna, más Plaza Acuática, y las inolvidables fiestas de pijamas “sólo chicas” en el Caribe Hilton, Normandie, o El Conquistador (Clau, nunca te agradeceré lo suficiente que dejaras a tu marido tirado un fin de semana para escaparte con nosotras y tu barriga de 8 meses a celebrar otro de mis ya tradicionales cumpleaños). Tranquilo Papi, nunca hubo verdadero peligro… Fue en una de esas en las que, paseando bajo la luna por los jardines del hotel, acabé besando al que hoy es uno de mis más adorados amigos, mas no mi marido pues además es homosexual. Esas cosas de la vida…!

 

 

Hoy no es mi cumpleaños, no. No es agosto, ni estoy en Puerto Rico, ni siquiera me rodean los de siempre. Estoy sola, frente a mi ordenador. Pero igualmente estoy de fiesta.
Hace un año colgábamos nuestro primer post, sin saber bien si sería el único, o si después de ese vendrían más, sin saber porqué lo hacíamos ni a quién exactamente iba dirigido.
Hoy, un año y 65 post después, sigo sin saber porqué lo hacemos, y mi idea de a quién va dirigido no es más certera tampoco, pero una cosa tengo clara, y es que, cada vez que surge una idea, cada palabra que escribo, cada texto que comparto… me acero un poquito más a esa magia.

 

 

 

Y que cuuuuumplas muuuuuuuuuchos más, tan-tan!!

Vero

 

Desaparecida en Combate

Posted in El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual, Lo que hay que ver!, Lo que mató al gato | 1 Comment »

Desaparecida en combate

No me gusta escribir si no tengo nada que decir, de ahí que me haya descolgado del mundo virtual los últimos meses.

Prefiero contar cosas que veo, y cómo las veo yo, de eso van “las gafas”. He estado unas semanas recluida en casa, y en casa pasan cosas, pero el tipo de experiencias que suelo contar… esas sólo las encuentras en la calle.

Mi cuarentena hogareña fue consecuencia de un accidente de coche. Todo bien, y nooo… aún no estoy con ganas de escribir un post sobre eso. Más adelante quizás.

Han pasado ya dos meses desde el “susto” y esta semana vuelvo a estar en la calle… o como diría mi traumatólogo: “mejora suficiente para reiniciar actividad pero debe continuar rehabilitación”

Vuelta al trabajo, a los atascos matutinos, a las impresoras que no tienen papel… pero también novedades.

Por recomendación de mi fisioterapeuta he empezado a dar clases de aquafitness. Atrás quedaron los martes de Bollywood y los domingos de Football “femenino”.

Hola a los vestuarios encharcados en sudores ajenos, a los pechos “calcetín” de las ya maduritas que antepusieron la buena alimentación de sus mochuelos a las fantasías de sus esposos.

Hoy fue mi primera clase. Llegué con tiempo de sobra, y me choqué de golpe con ese aire húmedo y artificialmente tropical que se “respira” en las piscinas cubiertas.

Como ya adelanté, primera visita al vestuario… con sus consecuentes traumas. Además de un aire asfixiante  empapado, se respira una falta de pudor, un exceso de naturalidad a la hora de exponer esos cuerpos desnudos.

Yo peco de recatada… soy monjil para asuntos de “destape”, no me gusta ver ni ser vista por desconocidos. Coño… por algo les llamarán las partes íntimas… seguro que ni los propios maridos han vislumbrado en los últimos años los cuerpos de sus señoras tanto como yo en esta visita obligada al vestuario.

De la sala de los horrores a la zona de las piscinas para esperar el comienzo de mi clase.

La profesora me comenta que en mi grupo son gente mayor… trato de mantener mi ilusión convenciéndome de que quizás ir a clase con señoras de sesenta y tantos tenga sus ventajas. Puede que aprenda recetas de cocina a la vez que toniique los músculos de la espalda.

Me siento en el banco… obsesionada ante la idea de contagiarme con algún hongo, o pillar cistitis… y enseguida me distraigo atraída por la estampa que tengo ante mí.

Una piscina pequeña y poco profunda en la que chapucea un grupo de diez adultos. Tardo un rato en entender qué es lo que llama tanto mi atención, hasta que creo descubrir la rareza común. Hubiese jurado que se trataba de un grupo de discapacitados en una sesión de hidro-terapia.

De repente me pareció evidentísimo que tenían rasgos físicos que descubrían sus problemas psíquicos. Uno a uno les fui mirando, y ante mis ojos sus rostros fueron distorsionándose… las bocas ladeadas, las miradas perdidas, los gestos exagerados. Me removió por dentro estar tan cerca de una realidad tan ajena.

Me costó un rato entender que no se trataba de un grupo de discapacitados… nada más lejos de la realidad. Era sencillamente gente aprendiendo a nadar.

Personas adultas que no saben nadar!! Me da trabajo concebir que personas adultas no sepan nadar. Quizás porque en Puerto Rico estas cosas no pasan.

Siempre decimos que allí no nos enseñan a nadar, sino más bien se nos enseña a “no ahogarnos”. Sin clases ni nada, simplemente un buen día “chuculún y al agua patos”. De ahí que Vero y yo no sigamos estilo alguno en el agua y que un hilo de babilla brille siempre en nuestras barbillas mientras “no nos ahogamos”… son los restos del “achicamiento” de agua.

Sea como sea… la imagen fue impactante. Es curioso como tenemos tan estructuradas las etapas de la vida  y los aprendizajes que en cada una de ellas esperamos que se realicen… la imagen me chocó realmente. Sinceramente parecían padecer algún retraso mental ahí tan perdidos en el agua… parecía una burla exagerada de una realidad absurda.

Cada brazada, cada respiración… era una lucha… y flotar… eso una guerra perdida desde el primer momento.

Con sus gafas, sus gorros, sus lustrados primeros bañadores… como ver a un bebé de setenta kilos intentando gatear… maravilloso, a la par que revelador. Una imagen descabellada.

Disfruté como una enana… pero ellos más. Estaban radiantes, orgullosos, cagados de miedo pero decididos a morir ahogados en una piscina de 60 cm de profundidad si era necesario.

Por fin llegó mi grupo… muchas señoras y el caballero. La clase fue un GUSTAZO… me divertí mucho con las señoras… y el caballero me acabó de alegrar el día. Realmente ahí la rara era yo. Está bien pasar rato con gente con la que normalmente no trato… tienen otra calma. Una sonrisa tranquila que les viene de estar realmente en paz. Ya han recorrido su vida… ahora sólo les queda vivirla.

Los desconocidos tienen algo especial. Me gusta sobretodo cuando estoy teniendo un mal día… a sus ojos no estoy de buen ni de mal humor… no saben el día de mierda que he tenido y ahí está la magia. En su mirada no siento empatía, ni compasión… nada.

Sólo me perciben… ven lo más esencial de mí misma y en base a eso interactúan. Bueno o malo, siempre aprendo algo de mí en situaciones como estas. Los conocidos, pues evidentemente tienen otra importancia… pero los días pochos, estos en los que no me aguanto ni yo… ahí me tiro de cabezacon los extraños que no esperan nada de mí, y que no adivinan lo que pienso con sólo echarme una mirada. Es eso, el poder guardarme para mí los días que no tengo nada que compartir, lo que me encanta de los extraños.

Y volviendo a la clase, a los abdominales, las pesas flotantes… al son de canciones de Katy Perry me busco en un espejo, con mis gafas, mi gorro, el bañador de cuerpo entero de mi madre… y en el cristal me sonríe una deficiente mental. Ahí estoy yo… riéndome de mí misma… y es que la retrasada que se ríe en el espejo soy yo.

Qué fácil es parecer subnormal en según qué situaciones… y son las que menos las que se resuelven quitándose el gorro y las gafas.

Salí de la piscina a gustito, tan fresquita que me mató la idea de vestirme con la ropa seca, los pantalones largos… los calcetines…Total, que me fui del gimnasio llevando sólo una camiseta larguita… y las chanclas.

Sin ropa interior ni na’… pa’ qué… en plan comando, como diría el de Friends… y es que qué mejor que ir en plan comando cuando se anda desaparecida en combate.

 

Thali

 

Caracol, col, col.

Posted in El monóculo, El pan nuestro de cada día, Las Causualidades, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que cuenta cada Cual, Lo que hay que ver!, Lo que mató al gato, Lo que me revienta los cojines, Los nudos en la lengua | No Comments »

Señoras, señores, reducido pero muy estimado público de lectores…

 

NOS MUDAMOS!!!

Y como buen caracol, nos llevamos la casa a cuestas.

 

Las Gafas de Vero y Thal y Cual vuelve en una mejorada e innovadora segunda parte, “LAS GAFAS DE VERO Y THAL Y CUAL PASCUAL“.

http://lasgafasdeveroythalycualpascual.blogspot.com/

Allí nos vemos!!

 

Vero

Desconocidos con derecho a roce!!

Posted in El monóculo, El pan nuestro de cada día, Las Gafas, Las Reflexibles, Lo que hay que ver!, Lo que mató al gato, Los nudos en la lengua | 2 Comments »

Desconocidos con derecho a roce

Odio la rutina, pero necesito determinados actos que se repitan día tras día a la misma exacta hora… me hacen sentir que estoy dónde y cúando debo estar.

Insisto, no es que me guste, es que necesito la repetición sistemática de actividades para sentirme en mi lugar. Y por ello todos los días a las 9:15 desayuno en el Sandwich Club un café para llevar con mucha leche templada (pero más caliente que fría) con medio sobre de azúcar. No bailo al son de Living la vida loca, no llevo en mi alma tatuado un carpe diem marcado a pinchazo lento y mi lema de vida no es aquí te pillo y aquí te mato.

Nunca me lo llevo … pero me gusta el vaso “take away” con su tapita y su huequito perfecto para sorber traguitos dosificados en movimiento.

Pues lo que sucede cuando estás todos los días en el mismo sitio a la misma hora es que las cosas que suceden a tu alrededor van organizándose también en torno a tu cíclico hábito. Poco a poco vas conociendo las caras de los que te acompañan en tu rutina, van dejando de ser completos extraños para pasar a ser una parte fundamental escenario diario.

Lo curioso es que te das cuenta de su existencia exactamente el día que uno de los elementos falta… el ser humano funciona así en todas las áreas de su vida, sólo se da cuenta de la presencia de algo cuando deja estar presente.

Así descubrí yo que tenía un compañero de desayuno. Un desconocido con el que había compartido al menos 140 cafés… él en su mesa, yo en la mía… una mirada de roconocimiento inconsciente y 10 minutos uno al lado del otro sin mediar palabra… así unos largos 7 meses… y yo sin saberlo.

Fue hace un mes que me dí cuenta de su existencia debido a su ausencia. Lunes nada, martes mosqueo… y el miércoles me pregunto: ¿dónde está el hombre que se sienta todos los días en esa mesa? Apareció en mi mente su clara imagen como si de un familiar se tratase, recordaba su pelo, su color de ojos, su postura… y a penas sabía su nombre!!

Al principio me comí la cabeza: le habrán despedido?, estará enfermo?, habrá cambiado de cafetería?… decidí que estaba de vacaciones para no volverme loca. Y el jueves apareció… aliviada le miré con complicidad y cierto gesto de reproche preocupado. Me respondió con la mirada como adivinando mi preocupación. Su gesto me dijo: “Sí, he estado unos días fuera”. Y algo más: “Siento no haberte avisado, no volverá a suceder”.

Y desde entonces hemos entablado esta relación… que no va más allá de un simple “buenos días” “mañana nos vemos”… y es que no tendría sentido llevarlo más lejos, perdería toda su magia… y los dos lo sabemos.

Pero no sólo desayunamos este señor de 40 y tantos años bien llevados y yo… hay más personajes en esta representación matutina. Pero hay dos que captan toda mi atención.

Él llega a las 9:15… mira a los lados impaciente deseando con los ojos encontrárla allí sentada. Pero ella casi, casi, casi siempre se hace esperar. Él se pide su café… y ansioso intenta disfrutar del desayuno, comosi fuese esa la razón que le impulsase a estar en la cafetería.

Por fin ella aparece… los dos se miran con nerviosismo de primeros novios a la salida del colegio… él se levanta de nuevo en busca del café de ella, fiel al ritual, y ella toma asiento reconquistándole a cada movimiento, segura de sí misma, pero con aires de inocencia fingida. No me creo nada!!

Ella es vital… una madurita sexy, juvenil, pero con lo bueno que le dan sus años de experiencia. Él, creo yo, es un pobre tonto que está reviviendo sus amores fracasados de instituto, pero con un final feliz 35 años más tarde… cada día no cree su suerte, y creo que cada día se despide de ella pensando que fue el último, y cada día regresa a la cafetería sin esperanza de encontrarla allí… y sufre creyendo que aquello fue un sueño finito, hasta que ella le regala su simple presencia una mañana más… eternamente agradecido.

Y es que no entiendo nada… una vez los cuatro, los dos café y los dos protagonistas…comienza un, nada disimulado, juego de caricias, confidencias al oído, manitas nerviosas, besitos y besos de Harrison Ford… es un escándalo.

Tanto amor levanta sospechas… pero no soy capaz de juntar las piezas de este puzzle en el que sólo ellos parecen encajarse el uno al otro a la perfección. 

No están casados (entre ellos, al menos) porque llegan cada día por separado.

Casados con otros? Ella no lleva alianza, asumo que no.

A él no consigo verle las manos, siempre por debajo de las faldas de ella. Asumo que sí.

¿Son amantes? ¿Por qué han escogido una cafetería de un parque empresarial como su madriguera de amor cautivo? Además, ¿trabajan en ese mismo parque empresarial? Trabaja él allí? Ella? Los dos? Ella suele ir informal… ahí radica su encanto, no es presuntuosa, pero sabe exactamente dónde está cada uno de los mechones de su aparentemente alborotada melena cobriza. Asumo que no trabaja, o al menos no tiene el horario estándar de clase media.

Él va de traje, como un pincel (planchado por una mujer florero leal, me temo). Él va a trabajar a algún sitio, eso es seguro. Y su oficina no puede estar muy lejos… estamos hablando de que son las 9:25 de la mañana… y el horario estándar de clase media marca que a las 9:30 se entra a currar, como tarde… así que su lugar de trabajo está a menos de 5 minutos de el lugar donde se magrea con una mujer que evidentemente no es su señora? En qué descarada cabeza cabe este absurdo comportamiento?!

Deduzco que él está casado (con la pobre diabla que así planchaba, así así… ) porque no se ven durante el fin de semana. Claro, él está ahí, de sábado cumpliendo con la otra cara de la moneda que es su doble vida… sé que no se ven los fines de semana porque los lunes sí que se cogen con ganas. Los lunes son los días más felices para Fulanita de Tal y Menganito de Cual… bueno, para él seguro, de ella no me fío nada!!

Pero pongamos que no están casados (con otros)… que son una pareja “anormalmente” enamorada… libres de amarse fuera de pecado, vamos… que no hay nada turbio en esta relación tan idílica. Igualmente… ¿a qué coño viene tanto besuqueo en tu lugar de trabajo? ¿Quién se mete mano en la cafetería en la que puede desayunar su jefe? ¿Qué pasa con las normas sociales? ¿Con los tabúes? ¿Dónde quedó la marca de los golpes en los nudillos de la regla de 30 cm que empuñaba un cura represor? ¿Qué hay del que dirán y del donde metas la olla no metas la p…?

Necesito entenderlo… necesito sentarme un día en su mesa y preguntarles abiertamente, sin rodeos: “Buenos días, bueno…¿alguién me puede explicar qué coño está pasando aquí?”

Aunque por otro lado… este misterio llena mis mañanas de dudas, de simbolismos, de una curiosidad que me da vidilla… y me viene bien, los lunes lo agradezco más que nunca, son el día más duro… pero gracias a la extraña pareja lo llevo mejor… por supuesto de la mano de mi compañero de desayuno… quien disfruta tanto como yo de los encuentros no furtivos de los amantes del Sandwich Club.

 

Thali