Desaparecida en combate
No me gusta escribir si no tengo nada que decir, de ahí que me haya descolgado del mundo virtual los últimos meses.
Prefiero contar cosas que veo, y cómo las veo yo, de eso van “las gafas”. He estado unas semanas recluida en casa, y en casa pasan cosas, pero el tipo de experiencias que suelo contar… esas sólo las encuentras en la calle.
Mi cuarentena hogareña fue consecuencia de un accidente de coche. Todo bien, y nooo… aún no estoy con ganas de escribir un post sobre eso. Más adelante quizás.
Han pasado ya dos meses desde el “susto” y esta semana vuelvo a estar en la calle… o como diría mi traumatólogo: “mejora suficiente para reiniciar actividad pero debe continuar rehabilitación”
Vuelta al trabajo, a los atascos matutinos, a las impresoras que no tienen papel… pero también novedades.
Por recomendación de mi fisioterapeuta he empezado a dar clases de aquafitness. Atrás quedaron los martes de Bollywood y los domingos de Football “femenino”.
Hola a los vestuarios encharcados en sudores ajenos, a los pechos “calcetín” de las ya maduritas que antepusieron la buena alimentación de sus mochuelos a las fantasías de sus esposos.
Hoy fue mi primera clase. Llegué con tiempo de sobra, y me choqué de golpe con ese aire húmedo y artificialmente tropical que se “respira” en las piscinas cubiertas.
Como ya adelanté, primera visita al vestuario… con sus consecuentes traumas. Además de un aire asfixiante empapado, se respira una falta de pudor, un exceso de naturalidad a la hora de exponer esos cuerpos desnudos.
Yo peco de recatada… soy monjil para asuntos de “destape”, no me gusta ver ni ser vista por desconocidos. Coño… por algo les llamarán las partes íntimas… seguro que ni los propios maridos han vislumbrado en los últimos años los cuerpos de sus señoras tanto como yo en esta visita obligada al vestuario.
De la sala de los horrores a la zona de las piscinas para esperar el comienzo de mi clase.
La profesora me comenta que en mi grupo son gente mayor… trato de mantener mi ilusión convenciéndome de que quizás ir a clase con señoras de sesenta y tantos tenga sus ventajas. Puede que aprenda recetas de cocina a la vez que toniique los músculos de la espalda.
Me siento en el banco… obsesionada ante la idea de contagiarme con algún hongo, o pillar cistitis… y enseguida me distraigo atraída por la estampa que tengo ante mí.
Una piscina pequeña y poco profunda en la que chapucea un grupo de diez adultos. Tardo un rato en entender qué es lo que llama tanto mi atención, hasta que creo descubrir la rareza común. Hubiese jurado que se trataba de un grupo de discapacitados en una sesión de hidro-terapia.
De repente me pareció evidentísimo que tenían rasgos físicos que descubrían sus problemas psíquicos. Uno a uno les fui mirando, y ante mis ojos sus rostros fueron distorsionándose… las bocas ladeadas, las miradas perdidas, los gestos exagerados. Me removió por dentro estar tan cerca de una realidad tan ajena.
Me costó un rato entender que no se trataba de un grupo de discapacitados… nada más lejos de la realidad. Era sencillamente gente aprendiendo a nadar.
Personas adultas que no saben nadar!! Me da trabajo concebir que personas adultas no sepan nadar. Quizás porque en Puerto Rico estas cosas no pasan.
Siempre decimos que allí no nos enseñan a nadar, sino más bien se nos enseña a “no ahogarnos”. Sin clases ni nada, simplemente un buen día “chuculún y al agua patos”. De ahí que Vero y yo no sigamos estilo alguno en el agua y que un hilo de babilla brille siempre en nuestras barbillas mientras “no nos ahogamos”… son los restos del “achicamiento” de agua.
Sea como sea… la imagen fue impactante. Es curioso como tenemos tan estructuradas las etapas de la vida y los aprendizajes que en cada una de ellas esperamos que se realicen… la imagen me chocó realmente. Sinceramente parecían padecer algún retraso mental ahí tan perdidos en el agua… parecía una burla exagerada de una realidad absurda.
Cada brazada, cada respiración… era una lucha… y flotar… eso una guerra perdida desde el primer momento.
Con sus gafas, sus gorros, sus lustrados primeros bañadores… como ver a un bebé de setenta kilos intentando gatear… maravilloso, a la par que revelador. Una imagen descabellada.
Disfruté como una enana… pero ellos más. Estaban radiantes, orgullosos, cagados de miedo pero decididos a morir ahogados en una piscina de 60 cm de profundidad si era necesario.
Por fin llegó mi grupo… muchas señoras y el caballero. La clase fue un GUSTAZO… me divertí mucho con las señoras… y el caballero me acabó de alegrar el día. Realmente ahí la rara era yo. Está bien pasar rato con gente con la que normalmente no trato… tienen otra calma. Una sonrisa tranquila que les viene de estar realmente en paz. Ya han recorrido su vida… ahora sólo les queda vivirla.
Los desconocidos tienen algo especial. Me gusta sobretodo cuando estoy teniendo un mal día… a sus ojos no estoy de buen ni de mal humor… no saben el día de mierda que he tenido y ahí está la magia. En su mirada no siento empatía, ni compasión… nada.
Sólo me perciben… ven lo más esencial de mí misma y en base a eso interactúan. Bueno o malo, siempre aprendo algo de mí en situaciones como estas. Los conocidos, pues evidentemente tienen otra importancia… pero los días pochos, estos en los que no me aguanto ni yo… ahí me tiro de cabezacon los extraños que no esperan nada de mí, y que no adivinan lo que pienso con sólo echarme una mirada. Es eso, el poder guardarme para mí los días que no tengo nada que compartir, lo que me encanta de los extraños.
Y volviendo a la clase, a los abdominales, las pesas flotantes… al son de canciones de Katy Perry me busco en un espejo, con mis gafas, mi gorro, el bañador de cuerpo entero de mi madre… y en el cristal me sonríe una deficiente mental. Ahí estoy yo… riéndome de mí misma… y es que la retrasada que se ríe en el espejo soy yo.
Qué fácil es parecer subnormal en según qué situaciones… y son las que menos las que se resuelven quitándose el gorro y las gafas.
Salí de la piscina a gustito, tan fresquita que me mató la idea de vestirme con la ropa seca, los pantalones largos… los calcetines…Total, que me fui del gimnasio llevando sólo una camiseta larguita… y las chanclas.
Sin ropa interior ni na’… pa’ qué… en plan comando, como diría el de Friends… y es que qué mejor que ir en plan comando cuando se anda desaparecida en combate.
Thali